We launched a war on nature. Now we are in a climate war zone
Solnit, Rebecca [2026], "We launched a war on nature. Now we are in a climate war zone", The Guardian, 4 de agosto, https://www.theguardian.com/commentisfree/2026/aug/04/summer-heat-climat...
Rebecca Solnit es columnista de la edición estadounidense de The Guardian. Es autora de Orwell’s Roses y coeditora, junto con Thelma Young Lutunatabua, de la antología sobre cambio climático Not Too Late: Changing the Climate Story from Despair to Possibility.
El verano, antes asociado con frutas, días largos, vacaciones, viajes y actividades al aire libre, se volvió una temporada que muchas personas esperan con temor. El humo de los incendios oscurece el cielo y vuelve peligroso respirar, mientras el calor mata de forma silenciosa y los incendios y las inundaciones destruyen viviendas, bosques y comunidades (dato crucial 1). En las regiones acostumbradas al calor, el verano también se volvió más impredecible: en Nuevo México, las lluvias son menos regulares y más intensas, y Ruidoso, una localidad del estado, sufrió inundaciones e incendios repetidos.
Bill McKibben, activista ambiental y autor del libro Eaarth (2011), propuso entender el cambio climático como el traslado hacia un planeta más peligroso y hostil. La crisis no solo destruye bienes materiales, también priva a las personas de la seguridad, la libertad y los placeres asociados con el verano. Algunos jóvenes demandaron a empresas de combustibles fósiles y a gobiernos que no respondieron adecuadamente a la crisis climática, pues consideran que las emisiones y la falta de acción les arrebataron el futuro.
La autora describe la situación afirmando que el verano se ha convertido, con demasiada frecuencia y en demasiados lugares, en algo contra lo que hay que prepararse, prepararse y temer: la temporada de peligro, calor, fuego, miseria... En ese contexto, considera que se ha lanzado una guerra contra la naturaleza y que el movimiento ambiental es por acabar esa guerra. También llama a no detenerse en las solas pérdidas materiales y considerar lo que perdemos en términos de libertad y placer debido a la destrucción del ambiente.
1) El calor extremo causó alrededor de 20 mil muertes en Europa. En el este de Washington, Estados Unidos, se quemaron 600 viviendas, mientras varios bomberos murieron al combatir incendios agravados por el cambio climático. Por otra parte, en Needles, California, la temperatura alcanzó 46.6 °C, lo que convirtió un trayecto por el desierto en un riesgo extremo si el automóvil fallaba. Asimismo, un incendio forestal al oeste de Burdeos, Francia, cubrió una superficie cuatro veces mayor que París y obligó a evacuar a 220 mil personas, la mayor evacuación en tiempos de paz de la historia del país.
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Conforme la destrucción del ambiente causada por la especie humana deviene sentido común de nuestro tiempo, cobran fuerza las reflexiones que llaman a considerar las dimensiones espirituales e intangibles del proceso. Pensar en lo que "se pierde" (léase, lo que destruye el capitalismo) permite aumentar los terrenos de acción común frente a las catástrofes. La obra de Solnit abre ese tipo de indagaciones, cada vez más necesarias y urgentes.

