La Encíclica, Peter Thiel y una gigantomaquia cosplay. La gran batalla de nuestro tiempo

Cita: 

Costa, Flavia [2026], "La Encíclica, Peter Thiel y una gigantomaquia cosplay. La gran batalla de nuestro tiempo", Revista Anfibia, 19 de junio, https://www.revistaanfibia.com/la-gran-batalla-de-nuestro-tiempo-encicli...

Fuente: 
Otra
Fecha de publicación: 
Viernes, Junio 19, 2026
Tema: 
Regulación de la IA
Idea principal: 

    Flavia Costa es doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Es profesora asociada del seminario Técnica, Cultura y Sociedad y dirige el Observatorio de Tecnologías, Sociedad y Ecosistemas Digitales (TecnocenoLab) en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA

    María Morillo. Nacida y criada en la ciudad de Buenos Aires, es dibujante e ilustradora editorial freelance.


    El 18 de abril de 2026, Palantir publicó su manifiesto en la red social X. Este constaba de 25 puntos sobre la visión de su CEO, Alex Karp (socio de Peter Thiel). El documento defiende la fusión entre Silicon Valley y el complejo militar-industrial para garantizar la hegemonía de Occidente mediante el uso de la inteligencia artificial. Menciona, además, que la disuasión nuclear ya no es suficiente y será reemplazada por una disuasión basada en la IA; por ello, la pregunta ya no es si se construirán armas autónomas, sino quién las construirá y con qué propósito.

    Por otro lado, en la encíclica Magnifica Humanitas, León XIV llama a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, subrayando un hecho de inédita relevancia histórica. El texto del Vaticano, publicado el 25 de mayo de este año, señala que la IA no es neutral, ya que adopta el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza. Tampoco se trata de un “simple instrumento”, pues posee criterios que terminan por establecer qué cuenta y qué puede descartarse, reduciendo a las personas a simples engranajes de un sistema en busca de una eficacia cada vez mayor.

    La encíclica también denuncia la voluntad de poder “prometeica” y los “sueños prometeicos” de la tecnología, dos sensibilidades típicas y tradicionales en Occidente: una prometeica y otra fáustica. La primera está alineada con los intereses humanos y es respetuosa de los límites de nuestra condición, mientras que la segunda intenta superar las limitaciones derivadas del carácter material del cuerpo. Asimismo, el documento critica a las diferentes corrientes del transhumanismo y del posthumanismo, advirtiendo que estas contribuyen a la desaparición de la justicia y del desarrollo colectivo.

    Del mismo modo, se cuestiona el “paradigma tecnocrático”, definido como la tendencia a dejar que la lógica de la eficiencia, del control y del lucro gobierne por sí sola las decisiones personales, sociales y económicas. El texto pontificio menciona que estas son las nuevas esclavitudes, las cuales se alimentan de cadenas económicas e infraestructuras digitales. Se trata de una especie de colonialismo que no se adueña de los cuerpos, sino de los datos, transformando las vidas personales en información explotable. Las IA modernas están más “cultivadas” que construidas, denuncia la encíclica, lo que deja de lado la profundización en la investigación científica y el ejercicio del discernimiento ético y espiritual. Un control de esta magnitud en pocas manos creará nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones y desigualdades en la sociedad.

    Frente a esto, la Iglesia antepone los principios de su doctrina social: la dignidad inalienable de la persona, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social. El texto destaca la defensa de las instituciones capaces de proteger la vida común, tales como la Cruz Roja, las Naciones Unidas o los Derechos Humanos.

    El Anticristo como política

    Peter Thiel declara que su principal preocupación es el máximo peligro inminente de esta época: el Anticristo. Señala que la regulación de la IA por parte de un organismo que prometa paz y seguridad sofocaría la innovación tecnológica, dando lugar a un Estado totalitario global. Por lo tanto, sostiene que la IA no debe ser regulada. Thiel afirma que los verdaderos facilitadores de este orden apocalíptico son las instituciones, burócratas o activistas que buscan frenar y normar la IA, a quienes etiqueta como “luditas”. Para él, cualquiera que pretenda detener el avance de la ciencia representa lo que hoy es el Anticristo. También los define como “legionarios del Anticristo”, quienes impulsarán la regulación tecnológica fomentando la gobernanza opresiva y generalizada de un Estado totalitario. Por estos motivos, considera crucial rechazar cualquier intento de regular estas tecnologías. El efecto social de esta denuncia contra los críticos de las élites y sus tecnologías es crear un enemigo designado: quienes se oponen al progreso se oponen al interés general: "todo lo que limita la aceleración de los negocios queda del lado del Anticristo".

    Fondo de inversiones

    En torno a los discursos de Thiel y de León XIV, la autora observa dos escenarios que se entrelazan en el tiempo presente:

    En primer lugar, el clivaje secular de Occidente: una visión maniquea que enfrenta el bien y el mal.

    En segundo lugar, el laberinto, la Torre de Babel que enreda las relaciones sociales, dando lugar a una "serie de galimatías y esperas sin esperanza".

    Enredo y confusión a las que la autora opone la lectura atenta, como forma de interpretar el mundo de forma a crear sentidos distintos a los de la dominación. Un ámbito destacado de esta batalla es el de una valorización del capital que es cada vez más especulativa: siguiendo la lógica del hype, el capitalismo está creando una "inflación" de las tecnologías de la IA sin vínculo con la economía real, en una oleada que afecta prácticamente al conjunto de las relaciones sociales. "El “hype” es aquello a través de lo cual se crea… destruyendo (acá saludan los schumpeterianos). No es un accidente: es la forma del negocio".

    En conclusión, la autora opone al escalamiento de la capacidad de cómputo como expresión típica del proyecto de los dominadores, la "autoconciencia, pliegue de reflexividad, gramática y gesto que realiza (“transustancia”) el salto de complejidad". No estamos en un callejón sin salida, pero tenemos que aprender a movernos y salir "por arriba" del laberinto.

Nexo con el tema que estudiamos: 
    La regulación de la IA es un tema importante, ya que no solo un número limitado de personas pide su regulación sino personas muy influyentes. La lógica del capital de estas empresas es reemplazar al humano para disminuir costes y aumentar la ganancia.

    También, el desarrollo de la IA no solo es una cuestión de productividad, sino de competencia geopolítica principalmente con China, que es su más grande rival. China se muestra como una potencia en desarrollo de IA moderada sus IA son de código abierto, algo que Estados Unidos no pude hacer por su lógica capitalista. La guerra de disuasión ya no será nuclear sino a través del poderío tecnológico de IA.

    La autora nos propone trasladar estas cuestiones al terreno de los significados para entender que también ahí es preciso oponer otras prácticas y otras interpretaciones a las propuestas por los dueños de las grandes tecnológicas, construyendo alternativas que reinventen las relaciones sociales: construir salidas del laberinto capitalista.