Nayakrishi Andolon: alternativas al sistema agroalimentario moderno y corporativo de Bangladesh
Akhter, Farida [2023], "Nayakrishi Andolon: alternativas al sistema agroalimentario moderno y corporativo de Bangladesh", Miriam Lang, Breno Bringel y Mary Ann Manahan (editores), Más allá del colonialismo verde. Justicia global y geopolítica de las transiciones ecosociales, Buenos Aires, CLACSO, octubre, pp. 335-350, https://biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar/bitstream/CLACSO/249068/1/M...
Farida Akhter es una asesora política de Bangladesh. Fue asesora del gobierno interino de Bangladesh y directora ejecutiva de UBINIG (Investigación de Políticas sobre Opciones de Desarrollo). También es asesora del actual gobierno interino del Ministerio de pesca y ganadería
Introducción
Bangladesh enfrenta una crisis marcada por el cambio climático, los desplazamientos forzados y un modelo de desarrollo que empuja a parte de la población rural hacia las ciudades como mano de obra barata. Tormentas, ciclones, inundaciones, sequías, erosión y salinización agravan una vulnerabilidad que podría desplazar a millones de personas hacia 2050. Frente a estas catástrofes, las poblaciones rurales afectadas desarrollaron redes de apoyo, cooperación y conocimiento local que fortalecen su capacidad de recuperación. Sin embargo, ese potencial queda limitado por un estado centralizado y por políticas internacionales de ayuda diseñadas desde esquemas burocráticos externos.
La transición ecosocial propuesta para Bangladesh busca transformar tanto la agricultura como la industria mediante criterios ecológicos, justicia social y soluciones adaptadas a las condiciones locales, en lugar de mantener un sistema extractivo heredado de estructuras coloniales. En ese marco, aparece Nayakrishi Andolon, un movimiento ecológico de agricultores basado en la biodiversidad. Su propuesta cuestiona el sistema agroalimentario corporativo y promueve redes de semillas, conocimientos locales y prácticas impulsadas por mujeres, pueblos indígenas y agricultores, con el objetivo de devolver poder a quienes sostienen directamente la producción de alimentos.
Modernización: la destrucción de la base biológica de la agricultura
La reducción del peso económico de la agricultura en Bangladesh comenzó a presentarse como señal de modernización, al mismo tiempo que crecían la industria y los servicios y las tierras se destinaban cada vez más a actividades comerciales e industriales (datos cruciales 1 y 2). Como parte de ese proceso, en los años setenta del siglo XX, el país adoptó la llamada revolución verde, un modelo de modernización agrícola basado en fertilizantes y pesticidas químicos, riego intensivo, mecanización y semillas de alto rendimiento. Su expansión redujo la diversidad de cultivos, concentró la producción en pocas variedades y aumentó la dependencia de semillas comerciales, insumos externos y uso de agua subterránea. La degradación ambiental y las dificultades de acceso a semillas, agua e insumos afectaron especialmente a pequeños agricultores y mujeres rurales (dato crucial 3).
Apostar por las transiciones justas a través de Nayakrishi
Nayakrishi Andolon surgió en Bangladesh en los años noventa del siglo XX, como respuesta al aumento de los costos agrícolas, la caída de los rendimientos y los efectos ambientales y sociales de la agricultura industrial. Su propuesta no buscaba regresar a métodos tradicionales, sino construir una alternativa basada en biodiversidad, soberanía alimentaria, derechos de agricultores y mujeres, y protección ecológica. El nombre resume esa intención: Nayakrishi significa “nueva agricultura” y Andolon, “movimiento”, porque sus integrantes consideran que la transformación exige organización colectiva frente a intereses corporativos y tecnologías perjudiciales.
El movimiento organiza su práctica mediante diez reglas orientadas a conservar suelos vivos, regenerar ecosistemas y fortalecer conocimientos indígenas. Las cinco primeras son obligatorias y buscan eliminar la dependencia de insumos químicos. Entre ellas se encuentran la prohibición absoluta de pesticidas y el abandono de productos químicos mediante prácticas que regeneren el suelo de forma biológica. Las reglas restantes promueven sistemas agrícolas más diversos e integrados.
La agricultura también se entiende como parte de una red de actividades rurales que incluye pesca, ganadería, tejido, herrería y alfarería. Dentro de los hogares Nayakrishi, las mujeres ocupan un papel central en decisiones productivas, conservación de semillas y manejo de recursos genéticos. Así, la transición propuesta no se limita a producir alimentos sin químicos, sino que reorganiza la agricultura alrededor de biodiversidad, conocimiento local y participación comunitaria.
Reconstituir la red comunitaria de semillas y las prácticas de conocimiento para derrotar al negocio mundial de semillas corporativas
La Red de semillas Nayakrishi (NSN) se organiza en tres niveles complementarios. El primero son los refugios de semillas instalados en hogares campesinos, donde se conservan, intercambian y vuelven a sembrar variedades locales. El segundo es la Red de mujeres especializadas en semillas (SWSN), formada por agricultoras que recopilan variedades, registran su presencia y vigilan la introducción de semillas consideradas perjudiciales. El tercero es el Centro comunitario de riqueza de semillas (CSWC), que conecta hogares, aldeas, distritos e instituciones para almacenar, intercambiar y regenerar material de siembra.
De este modo, el sistema convierte la conservación de semillas en una práctica colectiva ligada a la soberanía alimentaria. Cualquier agricultor miembro puede recibir semillas del CSWC con el compromiso de devolver el doble después de la cosecha, lo que mantiene su circulación y reproducción. En 2021, el centro conservaba más de 2 700 variedades de arroz y 538 variedades de hortalizas, aceites, lentejas y especias. Las mujeres ocupan un papel central porque intercambian conocimientos, conservan variedades y participan en las decisiones sobre qué producir. Nayakrishi entiende que controlar las semillas permite decidir qué alimentos cultivar sin someterse a las exigencias del mercado. Por ello, el movimiento también se opone a híbridos y organismos modificados genéticamente patentados por empresas transnacionales como Monsanto, actualmente Bayer, y Syngenta.
Alimentos no cultivados: reimaginar la naturaleza para resistir a las prácticas depredadoras
Nayakrishi amplía la idea de agricultura al incluir alimentos que crecen o se obtienen sin cultivo directo. Entre ellos se encuentran verduras de hoja y tubérculos recolectados en campos y bosques, además de peces pequeños obtenidos en cuerpos de agua. Estos recursos también cumplen funciones medicinales y dependen de la conservación de la biodiversidad local. La privatización de caminos, estanques y tierras comunes limita su acceso y afecta especialmente a las mujeres, que utilizan estos espacios para recolectar alimentos, criar animales y obtener productos para intercambio o venta (dato crucial 4).
Resistir a la agricultura empresarial
Nayakrishi Andolon concentra su resistencia en un problema específico: el intento de las empresas de convertir el cambio climático en una nueva fuente de dependencia agrícola. Frente a semillas patentadas que se venden como resistentes a inundaciones, sequías o salinidad, el movimiento reivindica variedades autóctonas que ya enfrentan esas condiciones y los conocimientos acumulados por las comunidades agrícolas de Bangladesh.
Asimismo, cuestiona las estrategias empresariales que usan un lenguaje ambiental para presentar como sostenibles prácticas que mantienen el control privado sobre semillas, recursos y decisiones agrícolas. Su resistencia busca devolver a las comunidades la capacidad de decidir qué producir, con qué métodos y bajo qué condiciones, en lugar de aceptar un modelo que aumente la dependencia de insumos comerciales, desplace conocimientos locales y profundice el deterioro ambiental.
Conclusión
Nayakrishi Andolon propone una ruptura con la idea de desarrollo basada en industrialización, crecimiento y control técnico de la naturaleza. Su alternativa busca construir comunidades ecológicas donde la agricultura permita replantear la relación entre producción, bienestar y entorno. El movimiento también rechaza la división rígida entre conocimiento indígena y ciencia moderna. Defiende que agricultores y agricultoras producen conocimientos propios y que estos pueden dialogar críticamente con saberes formales sin quedar subordinados a ellos. Las mujeres ocupan un lugar central mediante la conservación de semillas y biodiversidad.
Desde esta perspectiva, la soberanía alimentaria depende de que las comunidades mantengan control sobre sus semillas, conocimientos y formas de producción. El lema “Hermanas, mantengan las semillas en sus manos” resume esa resistencia frente al control corporativo y la búsqueda de una relación más equilibrada entre sociedad y naturaleza.
1) Bangladesh concentra más de 170 millones de habitantes en 147 570 km² y posee 30 regiones agroecológicas, 88 subregiones y 535 unidades, lo que refleja una elevada diversidad ambiental dentro de un territorio reducido.
2) 84% de los hogares agrícolas de Bangladesh trabaja menos de una hectárea y la agricultura todavía emplea a más de 40% de la población, aunque su participación en el producto interno bruto cayó de 49% en 1983-1984 a 12.9% en 2020. Ese contraste muestra que el sector perdió peso económico sin dejar de ser fundamental para el empleo y la subsistencia rural.
3) Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), alrededor de 500 millones de pequeñas explotaciones familiares de menos de una hectárea producen más de 80% del suministro mundial de alimentos, categoría en la que se inserta gran parte de la agricultura de Bangladesh.
4) Los alimentos no cultivados aportan casi 40% de la dieta de las comunidades Nayakrishi. Su importancia es todavía mayor para las personas rurales que no poseen tierras agrícolas propias, alrededor de 15% de la población rural, ya que dependen casi por completo de estas fuentes para obtener alimentos y forraje. Por ello, el acceso a espacios comunes resulta esencial para su subsistencia.
La pérdida de semillas nativas no ocurre solo en Bangladesh. En México, desplazar el maíz originario y sus variedades por semillas comerciales concentra el control de la alimentación en empresas y mercados externos, mientras debilita la biodiversidad y los conocimientos campesinos. No es solo un cambio agrícola, sino una decisión política sobre quién controla qué se siembra, qué se come y de quién depende el campo.
Las alternativas diseñadas en Asia tienen una cualidad peculiar dado que deben responder a dos condiciones particularmente agudas: las consecuencias de la destrucción del ambiente y la densidad demográfica de sus poblaciones. El caso de Nayakrishi Andolon esboza los principios de un cambio civilizatorio que emancipe la reproducción social respecto de la impronta corporativa.

