Nowhere to hide. What machines can tell from your face. Life in the age of facial recognition

Cita: 

The Economist [2017], "Nowhere to hide. What machines can tell from your face. Life in the age of facial recognition", The Economist, London, 9 de septiembre, https://www.economist.com/news/leaders/21728617-life-age-facial-recognit...

Fuente: 
The Economist
Fecha de publicación: 
Sábado, Septiembre 9, 2017
Tema: 
Las técnicas de reconocimiento facial: sus aplicaciones, potencialidades y riesgos asociados
Idea principal: 

El rostro humano es una sorprendente obra de arte: existe una enorme variedad de características faciales que permiten distinguir unos rostros de otros. Además, nuestro rostro puede transmitir una enorme cantidad de señales emocionales, desde un rubor involuntario hasta una falsa sonrisa, pasando por la atracción, hostilidad y confianza.

La tecnología está dando alcance de forma acelerada a la capacidad humana de leer los rostros. La tecnología de reconocimiento facial está siendo usada para que las iglesias registren la asistencia de sus creyentes y para que las tiendas ubiquen a los ladrones; está siendo usada también para que la policía arreste a sospechosos en lugares como estadios de fútbol, para verificar la identidad de los conductores de servicios como Uber y para que las personas puedan pagar por algunas mercancías mediante una sonrisa. Incluso el nuevo iPhone utiliza las técnicas de reconocimiento facial para ser desbloqueado.

Frente a los aviones o el internet, que trajeron consigo grandes modificaciones en las capacidades humanas, parece que la tecnología de reconocimiento facial sólo las codificará. Lo que probablemente si transforme la tecnología de reconocimiento facial –con su capacidad cada vez mayor y más barata de registrar, almacenar y analizar imágenes de rostros humanos– son nuestras nociones de privacidad, legitimidad y confianza.

Comencemos con la privacidad. A diferencia de otra información biométrica, como las huellas digitales, los rostros pueden ser reconocidos a la distancia. En Rusia, por ejemplo, existe una aplicación llamada FindFace que compara las fotografías de personas con los perfiles de una red social llamada VKontakte y puede identificar a las personas con un nivel de certeza de 70%. Por otro lado, empresas como Facebook –cuyo banco de imágenes faciales no puede ser utilizado por otras aplicaciones– están considerando utilizar las tecnologías de reconocimiento facial para vender publicidad focalizada a sus usuarios. Hasta ahora –según The Economist–, las empresas privadas no tienen la capacidad de vincular el rostro de una persona con su identidad. Pero el estado sí puede hacerlo. En China, por ejemplo, el gobierno tiene un banco de imágenes con los rostros de sus ciudadanos; en Estados Unidos, hay fotografías de la mitad de la población adulta en una base de datos que puede ser utilizada por la FBI. “Las agencias policiales tienen ahora un arma poderosa que refuerza su capacidad para buscar a los criminales, pero a un enorme costo potencial para la privacidad de los ciudadanos”.

Pero el rostro no sólo está vinculado a un nombre: revela mucha más información que puede ser leída por las máquinas. “De nuevo, eso promete beneficios”. Algunas empresas están utilizando las técnicas de reconocimiento y análisis facial para detectar padecimientos genéticos de forma más rápida y sencilla. “Pero la tecnología también amenaza”. En un experimento de la Universidad de Standford, cuando se mostró a un grupo de personas la fotografía de una persona homosexual y una heterosexual, sólo 61% pudo distinguir quién era quién; un algoritmo de reconocimiento facial acertó en esta distinción en el 81% de los casos. En los países donde la homosexualidad es un crimen, este tipo de software plantea un panorama alarmante. Otras formas de discriminación podrían también volverse más comunes debido al uso de estas técnicas. Por ejemplo, al solicitar un empleo las empresas podrían filtrar a los aspirantes según su origen étnico, sus “rasgos de inteligencia” y su preferencia sexual. Estos sistemas “podrían estar prejuiciados” contra las personas que no son de piel blanca, pues los algoritmos que han sido entrenados para trabajar con personas caucásicas no funcionan del todo bien cuando se trata de trabajar con personas de diferente origen étnico.

Por otra parte, estas técnicas podrían modificar la textura de las relaciones sociales. “El disimulo ayuda a engrasar las ruedas de la vida diaria. Si tu pareja pudiera darse cuenta de cada bostezo suprimido y tu jefe de cada gesto de irritación, los matrimonios y las relaciones laborales serían más veraces pero menos armoniosas”. Si las computadoras pudieran hacer cálculos sobre las emociones, la confianza y el riesgo vinculados con nuestro rostro, las relaciones sociales se modificarían y se volverían más racionales “pero también más transaccionales”.

La legislación puede ayudar a modificar favorablemente el balance de los resultados deseables e indeseables de estas tecnologías. En Europa, por ejemplo, los reguladores han impulsado una serie de principios para mejorar la protección de datos y han decretado que la información biométrica –que incluye nuestra “huella facial”– pertenece a su propietario y por tanto su uso requiere su consentimiento. Asimismo, los proveedores de sistemas comerciales de reconocimiento facial deben estar sujetos a auditorías que demuestren que sus sistemas no están promoviendo intencionadamente prejuicios que pueden perjudicar a las personas.

Aunque la regulación es importante, para The Economist las reglas no cambiarán la dirección hacia que la que tecnología está avanzando. Las cámaras se volverán cada vez más comunes y será mucho más difícil engañar a los sistemas de reconocimiento facial, pues la inteligencia artificial puede ya reconstruir las características faciales de las personas aun cuando estén disfrazadas. La posición de los gigantes tecnológicos ha sido diversa en relación al uso de las técnicas de reconocimiento facial y a vincularlas con la identidad de sus usuarios. Google, por ejemplo, ha anunciado explícitamente que no vinculará los rostros de los usuarios con sus cuentas e identidades, por miedo a que los regímenes no democráticos puedan hacer uso indebido de ello; Microsoft, Amazon y Facebook, por su parte, tienen importantes planes en los que vinculan sus servicios con el reconocimiento facial de sus usuarios. Y los gobiernos no querrán quedar al margen de los avances en estas técnicas.

“El cambio está en curso. Démosle la cara”.

Nexo con el tema que estudiamos: 

Las grandes empresas informáticas –Apple, Facebook, Alphabet, Amazon, Microsoft– tienen en sus manos el mayor cúmulo de información que ha existido sobre la vida diaria de las personas. El conocimiento de estas empresas sobre nuestro quehacer cotidiano es inmenso: por medio de nuestras búsquedas en internet y de nuestro uso de los dispositivos móviles tienen información sobre nuestros gustos y preferencias, sobre los lugares que más visitamos e incluso sobre la velocidad a la que nos desplazamos. Además, con el desarrollo de las técnicas de reconocimiento facial a la omnipresencia y omnisciencia de estas empresas se suma la posibilidad de que vinculen nuestro rostro con nuestra “huella informática”. Esto no plantea sólo problemas en lo que hace a la privacidad, sino que en un contexto de creciente autoritarismo en el capitalismo contemporáneo plantea potencialmente problemas políticos. La distopía orwelliana está a la vuelta de la esquina.

El pensamiento liberal ha establecido una diferencia entre control social y negocios, la cual no existe, o al menos no siempre, en la realidad. Las tecnologías del reconocimiento facial, como las de espionaje, agudizan el control social y crean importantes campos de obtención de ganancias.