A silk road through ice. China wants to be a polar power. It would like a bigger say in the Arctic

Cita: 

The Economist [2018], "A silk road through ice. China wants to be a polar power. It would like a bigger say in the Arctic", The Economist, London, 14 de abril, https://www.economist.com/news/china/21740473-it-would-bigger-say-arctic...

Fuente: 
The Economist
Fecha de publicación: 
Jueves, Abril 12, 2018
Tema: 
La ruta polar de China
Idea principal: 

El presidente de China, Xi Jinping, ha mostrado un interés en acercarse a los países cercanos al Ártico. En 2014 reveló tener como objetivo transformar a China en una “gran potencia polar”. En 2017 se reunió con los líderes de siete de los miembros del Consejo Ártico, grupo de ocho países que en 2013 permitió que China y otros cuatro países asiáticos [1] se convirtieran en miembros observadores. En enero de 2018, China lanzó su primer documento en torno a su estrategia ártica, donde se refería a sí misma como “nación cercana al Ártico” y en el cual se vincularon la estrategia del Ártico y la Iniciativa del Cinturón y la Ruta (Belt and Road Initiative) [2].

China tiene una amplia gama de intereses en el Ártico. En primer lugar requiere que sus investigadores accedan a la zona para descifrar la relación entre el derretimiento del hielo y los cambios en patrones climáticos, ya que esto podría ayudar a China a generar una respuesta en torno a su problema de contaminación del aire y escasez de agua. Además, China está interesada en aprovechar los recursos que serán más fáciles de explotar a medida que se vaya derritiendo la capa de hielo; estos incluyen pescado, minerales, petróleo y gas. Las empresas chinas también están interesadas en minerales, como el zinc, uranio y tierras raras en Groenlandia.

A medida que se vaya dando el proceso de deshielo, es posible que los buques chinos puedan navegar a través del Ártico. Es probable que en las próximas décadas los viajes marítimos entre Shanghai y Europa se acorten miles de kilómetros, proceso que también ayudaría a reactivar la economía de las ciudades portuarias del noroeste chino. Es por esto que China está buscando la construcción de puertos e infraestructura en el Ártico para facilitar la navegación de sus buques.

En geopolítica, los analistas chinos consideran que el uso de las rutas árticas podría ayudar estratégicamente a China, que reduciría su necesidad de enviar mercancías a través del estrecho de Malaca, punto donde se une el océano Pacífico y el océano Índico. Gran parte de la navegación china pasa por este estrecho, lo que lo convierte en un punto vulnerable ante la posibilidad de un bloqueo (por ejemplo, si existiera una guerra con Estados Unidos).

En el Ártico no existen disputas territoriales como en otros lugares del mundo, aunque existen algunas reclamaciones como la de Canadá sobre el Paso del Noroeste, vía fluvial trans-arctica que Estados Unidos considera internacional. China no quiere ser vista como una intrusa en la zona, por lo que ha buscado disipar los temores de una acción semejante a la que tuvo en el Mar del Sur de China en el Ártico. El documento dice que China buscará jugar según las normas internacionales y cooperará con el Consejo del Ártico.

China ha prometido o ya ha invertido grandes cantidades de dinero en la región. Sus mayores inversiones han sido en Rusia. El interés mostrado por las empresas chinas puede ser una buena noticia para las comunidades árticas, ya que son pocos los inversionistas que se han mostrados dispuestos a soportar los altos costos y los lentos retornos de las inversiones en el Ártico.

La participación china también atrae críticas. Los ecologistas, por ejemplo, preferirían ver el Ártico lejos de proyectos que podrían generar contaminación, como los que han llevado a cabo las inversiones chinas en África, donde se acusa a los chinos de no seguir las leyes ambientales y laborales. La estabilidad del Ártico atraerá a empresas chinas que buscan lugares tranquilos, donde el conflicto sea poco probable, para invertir su dinero.

La principal preocupación de los países del Ártico es que la ambición china traerá como resultado una reconfiguración de la política en la región buscando escenarios que le den más influencia a China para determinar acciones en la zona. El caso de Groenlandia podría ejemplificar esto, debido a que las élites locales buscan la independencia de Dinamarca, pero se resisten a dar el paso por la dependencia económica que mantienen respecto de ese país. Sin embargo la inversión china podría modificar esta relación.

A pesar del lenguaje tranquilizador con el que China ha hecho sus declaraciones en torno a su proyecto en el Ártico, es posible que a medida que crezcan sus inversiones cambien sus cálculos y con ello su actitud. Los diplomáticos chinos podrían irritarse ante su limitada opinión en las decisiones de la región. En la actualidad, China, como miembro observador, no tiene derecho de voz ni de voto dentro del Consejo del Ártico. Aki Tonami, profesora asociada de la Universidad de Tsukuba, dice que el documento chino sobre el Ártico dedica poco espacio al Consejo del Ártico. En los próximos años es posible que China prefiera lidiar sus problemas sobre la región de manera bilateral o en entornos como las Naciones Unidas, donde tienen mas peso o que promueva una restructuración del Consejo del Ártico que otorgue mas peso a países no-árticos.

Modificar la estructura administrativa del Consejo del Ártico puede ser arriesgado, muchos estados creen que el Consejo ha hecho un buen trabajo promoviendo la buena vecindad. También el lento acceso a los recursos y beneficios económicos del Ártico ha creado un entorno libre de conflictos por la repartición de estos beneficios.

Si Estados Unidos pusiera más interés en el Ártico podría ser más fácil determinar cómo acomodar los intereses de los países no árticos en la región. Sin embargo, un grupo de expertos considera que esto no pasará durante la administración de Donald Trump. Esto contribuye a que la ruta polar de China se siga ampliando.


[1] Japón, Singapur, India y Corea del Sur.
[2] También conocido como proyecto “Ruta de la Seda” el cual busca construir infraestructura para vincular Asia, África y Europa.

Datos cruciales: 

1. Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos, el Ártico podría contener una cuarta parte de los hidrocarburos que aún no han sido descubiertos en el mundo.

2. Una “ruta de la seda del hielo” podría acortar miles de kilómetros de viaje entre Shanghái y Europa.

3. Canadá, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Rusia, Suecia y Estados Unidos son los estados miembro parte del Consejo del Ártico.

4. Mapa de áreas planificadas para la construcción de infraestructura dentro de la iniciativa “One belt, one road”,

-Ruta marítima Ártica. Shanghai-Mar de China Oriental-Océano Pacífico (al oriente de Japón)-Mar de Bering-Mar Siberiano del Este-Mar de Kara-Mar de Barents-Mar de Noruega-Mar del Norte-Rotterdam.

-Ruta marítima del sur. [“One Road”] Zhangjiang-Golfo de Tonkín-Mar de China Meridional-Kuala Lumpur-Estrecho de Malaca-Golfo de Bengala-Calcuta-Sri Lanka- Océano Índico (al sur de Mar Arábigo)-Mombasa-Golfo de Adén-Estrecho de Bab El-Mandeb-Mar Rojo-Canal de Suez-Mar Mediterráneo-Atenas-Venecia. (Tiene conexión terrestre con Rotterdam).

-Ruta terrestre [“One Belt”] Xián- Kazajistán- Kirguistán- Tayikistán- Uzbekistán- Turkmenistán- Irán- Irak- Turquía- Bulgaria- Rumania- Moldavia- Ucrania- Rusia- Bielorrusia- Polonia- Alemania- Países Bajos (Rotterdam).

Nexo con el tema que estudiamos: 

China busca generar nuevos espacios y flujos que construirán nuevas dinámicas de integración a su favor. Crear nuevas líneas que unan espacios distantes modificará la política mundial y construirá un resultado favorable para las exportaciones e importaciones chinas. Tanto “One Belt, One Road” como la iniciativa polar de China en el Ártico tienen como objetivo reconfigurar la dinámica geopolítica en la región, haciendo que espacios estratégicos como el Estrecho de Malaca, Estrecho de Bab el-Mandeb y el Canal de Suez ya no representen un peligro en caso de bloqueo.

Sin embargo, hay que recordar que algunos de los planes geopolíticos que tienen las grandes potencias ignoran las consecuencias medioambientales que podría generar el derretimiento del polo norte, gran bóveda de metano a nivel mundial y espacio que sirve como vaso regulador del clima. Es difícil pensar en una geopolítica basada en el derretimiento del Ártico frente a un escenario en el cual los límites planetarios al capitalismo se van volviendo más tangibles.