What's mine is yours. The sharing economy will have to change

Cita: 

The Economist [2020], "What's mine is yours. The sharing economy will have to change", The Economist, London, 6 de junio, https://www.economist.com/business/2020/06/04/the-sharing-economy-will-h...

Fecha de publicación: 
Sábado, Junio 6, 2020
Tema: 
Los cambios que la pandemia ha impuesto en la industria de la economía colaborativa
Idea principal: 

Una pequeña aplicación de San Francisco, California, llamada Globe, funcionaba antes de la pandemia de forma similar a Airbnb. Pero, al llegar la pandemia, el servicio que ofrecía dejó de tener atractivo. Sin embargo, la compañía rápidamente adaptó su servicio, y ahora aquellos que quieran cambiar de aire o trabajar un rato sin niños a la vista pueden alquilar por hora departamentos y viviendas desocupadas. Si bien, la demanda ha sido alta, la oferta no ha sido tan numerosa. La aplicación tiene una lista de espera de 113 000 inquilinos, pues la compañía necesita verificar la identidad de estos, mientras que afirma tener 10 000 anfitriones.

Si bien, el éxito de esta compañía sigue siendo incierto, pues su servicio viola las disposiciones de cuarentena de la ciudad de San Francisco, sus tempranos logros en adaptarse a las nuevas circunstancias muestran que la sentencia sobre la supuesta desaparición de la “economía colaborativa” a causa de la pandemia fue una exageración. En lugar de clausurarlo, el virus está obligando a este sector a reinventarse. Para The Economist, esto podría implicar una regreso a sus orígenes “socialistas”.

Según el semanario londinense, durante la Gran recesión causada por la crisis financiera de 2007-09, se creó el ímpetu ideológico de usar la tecnología para construir una economía en la que el consumo fuera más social, más frugal y más sostenible. Se pensó entonces que en lugar de poseer cosas las personas deberían compartirlas con la ayuda de aplicaciones y otros servicios en línea. Aunque la mayoría de los negocios que utilizaron los servicios de usuario-a-usuario para intercambiar cosas, desde herramientas hasta autos, nunca despegaron, sí allanaron el camino para otra “economía colaborativa” que busca ganar dinero creando mercados en línea para conectar la oferta con la demanda. Las empresas de este tipo se extendieron rápidamente hasta convertirse en grandes negocios globales, atrayendo grandes sumas de capitales de riesgo.

Así, los hijos modelo de la nueva “economía colaborativa”: Airbnb, Uber y Bird, son los más grandes proveedores de alquileres de vacaciones, viajes de taxi y patines eléctricos respectivamente. Juntos recaudaron fondos por más de 30 mil millones de dólares y, en su mejor momento, fueron valuados en 100 mil millones de dólares. Se esperaba que las cotizaciones públicas de Airbnb y Uber fueran de las más lucrativas de las startups tecnológicas. Sin embargo, aun antes del brote de Covid-19, la expectativa sobre ellas empezó a caer.

Sin embargo, conseguir la rentabilidad resultó más difícil para estas compañías de lo que se esperaba. Los viajes de Uber requerían importantes subsidios y el mantenimiento de la flota de patines eléctricos demostró ser más caro de lo que Bird había considerado. Inyectadas con capitales de riesgo, estas empresas incursionaron en otros mercados también. Uber incursionó en el servicio de entrega de comida a domicilio e intentó desarrollar autos autónomos. Por su parte, Airbnb consideró producir programas de televisión, así como administrar hoteles.

Para el momento de la oferta pública inicial de Uber, en mayo de 2019, la compañía ya había perdido un total de 16.6 mil millones de dólares entre 2016 y 2019 y esperaba perder aún más antes de volverse rentable, por lo que su cotización no fue el éxito que muchos esperaban. Incluso Airbnb, cuyo modelo de negocios consiste en tomar una parte de las tarifas de alquiler, comenzó a perder dinero: 322 millones en los tres primeros trimestres de 2019. Mientras que la flotación [emisión de nuevas acciones, una vez que la empresa tiene mayor estabilidad], que se esperaba en abril o mayo, ha sido interrumpida por la pandemia.

Un enfoque en la rentabilidad, con énfasis en reducir costos, estaba en el aire cuando la pandemia paralizó a estas compañías. Airbnb afrontó un millón de cancelaciones y mil millones de dólares en reembolsos. Por su parte, la demanda del servicio de Uber en abril cayó 80% con respecto al mismo mes del año pasado. Mientras que Bird, pasando por una situación parecida, despidió a un tercio de su fuerza laboral, 400 empleados, a fines de marzo. A principios de mayo le siguió Airbnb, despidiendo 1 900 empleados, 25% de su fuerza laboral. Uber, por su parte, también, despidió a un cuarto de sus trabajadores, cerca de 6 700. Mientras que Lyft, su principal competidor en Estados Unidos, hizo recortes un poco menos drásticos.

Limpiar

Por otro lado, estas empresas están ajustando sus negocios para restaurar la confianza de sus clientes. Es en la limpieza en donde se está poniendo el acento. Airbnb aconseja a los anfitriones sobre cómo limpiar las habitaciones y ha introducido de forma opcional un periodo vacante de 24 horas entre reservas. Bird da de forma regular una limpieza a sus patines. Mientras que Uber comprueba si sus conductores usan mascarilla, obligándolos a tomarse una selfie y su aplicación es capaz de detectar si la están usando.

Estas empresas también están usando la crisis como una oportunidad de “volver a lo básico”. Airbnb planea concentrarse en los anfitriones que alquilan su propia casa, en lugar de aquellos que alquilan varias propiedades. Uber ha desistido de varios negocios, como una tarjeta de crédito para sus conductores y su servicio de alquiler de bicicletas eléctricas, para concentrarse en ser una compañía de transporte urbano.

Para The Economist, la gran interrogante es si volverse más limpias y más delgadas será suficiente para que estas empresas se recuperen cuando se levanten las medidas de aislamiento o si para entonces los hábitos habrán cambiado, marginando la colaboración y habilitando el regreso de la propiedad.

Las tres compañías esperan que la demanda de sus servicios se recupere, aunque en diferentes lugares y por razones diferentes. Brian Chesky, director de Airbnb, espera que la gente viaje más cerca de casa y por más tiempo, pues el promedio de duración de una estadía de Airbnb se ha duplicado, a una semana, igual que las reservas nacionales debido a que los clientes se mantienen a menos de 320 km de su hogar. Además, Airbnb espera beneficiarse de que si continúa el trabajo desde casa, la gente pudiera alquilar hospedajes fuera de la ciudad.

Por otra parte, Uber y Bird esperan que la preferencia de los usuarios se desplace del transporte público a los automóviles y patines eléctricos. Los paseos de Bird, por ejemplo, ya son 50% más largos que antes de la pandemia. Ademas, Uber intenta engullir a sus competidores. A pesar de salir del negocio de las bicicletas eléctricas, ha invertido en Lime, el principal rival de Bird en el negocio de los patines eléctricos. Uber también quiere fagocitar Grubhub para darle un impulso a su negocio de entrega a domicilio de comida. Para Dara Khosrowski, su director ejecutivo, de lo que se trata es de consolidarse, ahora que los tiempos son difíciles.

Sorprendentemente, las pequeñas empresas de la llamada “economía colaborativa” también se muestran optimistas. En Alemania, y en otros lugares que han empezado a levantar algunas restricciones de cuarentena, la demanda ha resurgido, según reportes de BlaBlaCar, una empresa que ofrece viajes compartidos de larga distancia en 22 países. Su director considera que la recesión económica aumentará la demanda de viajes baratos, mientras que reconoce que la pandemia ha obligado a “mirar sus activos de nuevas maneras”. La compañía, que en el futuro quiere ofrecer más servicios, ha desarrollado una nueva aplicación llamada BlaBlaHelp, que permite a sus usuarios pedirle a otros que hagan sus compras de comestibles por ellos.

Sin embargo, para The Economist, es el caso de Olio el que mejor describe la forma en que la pandemia ha obligado a estas compañías a volver a sus raíces. Olio es un servicio londinense que, buscando reducir los desperdicios de alimentos, permite a los usuarios compartir comestibles y otros productos que ya no necesitan con sus vecinos. A raíz de la epidemia de Covid-19, adaptaron el servicio a “recolección sin contacto”, lo que hizo que aumentara la demanda un 50% para alimentos y 200% para otras cosas.

Para Sonali De Rycker, socia del brazo europeo de Accel, una empresa de capital de riesgo que ha invertido tanto en Olio como en BlaBlaCar, las empresas que desarrollan actividades que ya existían antes de internet, como el compartir comida con los vecinos, tendrán más éxito en recuperarse que aquellas que dependen de los más nuevos y artificiales mercados en línea. Para ella, después de la pandemia los consumidores buscarán ahorrar dinero o tener una entrada de efectivo extra alquilando cosas, lo que implicará la continuidad de la “economía colaborativa”.

Nexo con el tema que estudiamos: 

La pandemia de Covid-19, y la crisis económica que ha ocasionado, ha tenido un impacto diferenciado entre las distintas industrias que conforman la economía mundial. Mientras que, por una parte, el Big Tech ha sido el gran ganador. Por otra parte, otros sectores de la industria de la tecnología, como el de la economía colaborativa, han sufrido un golpe del que muchos dudan que puedan recuperarse. Si bien, The Economist descarta que la epidemia haya desahuciado a este sector, aún están pendiente el resultado del proceso judicial abierto en California contra el modelo de negocio de Uber y Lyft, que, al igual que la pandemia, podría marcar un antes y un después para esta industria.