El Estado neoliberal y sus crisis: la privatización de la seguridad en perspectiva sociohistórica

Cita: 

Munguía Galeana, Fernando [2020], “El Estado neoliberal y sus crisis: la privatización de la seguridad en perspectiva sociohistórica”, Lucía Carmina Jasso López y Matari Pierre Manigat (coordinadores), Transformación del Estado y privatización de la seguridad pública. Policías privadas, cárceles privadas y gated communities en México, México, IIS-UNAM, http://ru.iis.sociales.unam.mx/bitstream/IIS/5834/7/Transformacion_del_e...

Fuente: 
Libro
Fecha de publicación: 
2020
Tema: 
La reconfiguración de la estatalidad durante el periodo neoliberal
Idea principal: 

Fernando Munguía Galeana es sociólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y doctor de Investigación en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales en México (Flacso). Sus líneas de investigación giran en torno a la conformación de la subjetividad política y la lucha por el poder político en México, así como debates teóricos de la sociología política.


“Decir que el Estado, en el contexto abierto hace casi cuatro décadas, a partir de la fase neoliberal del capitalismo, se achicó o entró en un ciclo de disminución con respecto a su antecesor (el Estado desarrollista, o benefactor) se ha convertido en un recurso analítico de uso corriente en las ciencias políticas y ciertos enfoques de la sociología contemporáneas”. Bajo esta aseveración, el autor da paso al argumento central de su texto: el Estado sigue teniendo un lugar fundamental en la organización de la vida social, la economía y la política.

Por lo anterior, Fernando Munguía Galeana establece como objetivo de su escrito “discutir algunos nodos conceptuales que pueden ser útiles para emprender la crítica a dichas posturas y plantear que la problemática en torno a las transformaciones ocurridas en este arco de tiempo se corresponde con la continuidad de las profundas crisis sociales y económicas y con la manera en que el Estado interviene en la reproducción de esta socialidad”. De esta manera, y a partir de una perspectiva relacional de la estatalidad, el autor propone discutir a los mecanismos de vigilancia, sanción y judicialización de la seguridad en México no como síntoma de la ineficiencia del Estado, sino como parte de la transformación integral del Estado ante las crisis sociales y económicas de la fase neoliberal del capitalismo.

Como método, Munguía Galeana propone reconocer a las transformaciones en las relaciones estatales como un proceso y a las políticas estatales (como la privatización de la seguridad y las cárceles) como un “anudamiento de intereses determinados históricamente”. Al tratarse las relaciones estatales de una correlación de fuerzas, determina que el tiempo histórico no es homogéneo, sino que en él surgen crisis, a manera de conflicto y contradicción. No obstante, al estar insertas las relaciones estatales en una estructura y un proceso histórico, su comprensión y explicación solo es alcanzable mediante estos últimos dos elementos. Así, el cuándo afecta al cómo se despliegan los procesos y “el sentido social y político que asumen entre los sujetos y grupos que las promueven o las resisten”. El autor menciona que esta propuesta se corresponde con el método diacrónico y sincrónico del análisis sociohistórico.

El texto se estructura de la siguiente manera. En el primer apartado se exponen algunos debates e interpretaciones sobre el Estado. En el segundo apartado, el autor sostiene que las interpretaciones sobre el "desplazamiento de la estatalidad" son más políticas que científicas; afirma que “las expresiones de control se han recodificado con un esquema neoliberal y excluyente que se constituye en la expresión característica del régimen de historicidad vigente”. Todo esto lo lleva a proponer, en la parte final, que: “las formas de la privatización de la seguridad se han impuesto como una suerte de paradigma y se engarzan como un problema estructural del ejercicio del orden y la dominación, en una interpretación procesal de las crisis y transformaciones de la estatalidad contemporánea”.

Debates sobre el Estado: la crisis en perspectiva sociohistórica

Para Munguía, la transformación de la estatalidad a partir del periodo neoliberal, está relacionada con los cambios en la reproducción del capital: “La reconfiguración del patrón de reproducción capitalista ocurrida durante el último tercio del siglo XX (…) se acompañó de un proceso paralelo en lo político con el cierre de una fase de ordenamiento institucional y con la apertura de una nueva forma de control político, de regulación social y de relaciones de mando-obediencia...”. De acuerdo con el autor, este proceso de agotamiento y de emergencia de nuevas formas de control no sucedió de manera lineal, sino que “se produjo en oleadas de cambios y transformaciones, con distintos grados de violencia e imposición política”. Estas nuevas formas de relaciones políticas e ideológicas encontraron la máxima eficiencia en un contexto de crisis general y precarización de las condiciones de existencia de amplios sectores populares.

Los procesos de crisis y transformación política, vinculados con el capitalismo neoliberal tuvieron su expresión máxima con la implementación de las reformas de apertura comercial e integración económica, que produjeron una serie de modificaciones radicales de las estructuras y lógicas estatales nacionales pero no generaron procesos de apertura política. Como resultado, menciona el autor, la evidencia histórica demuestra que, durante el viraje neoliberal, diversas regiones del globo pasaron por crisis multidimensionales: financieras, productivas, sociales y políticas.

“Estas coordenadas históricas y políticas definen una perspectiva analítica y colocan este debate sobre el neoliberalismo y el Estado en la propuesta de discusión teórica sobre el Estado como una forma histórica de relación política (relación-Estado) en la que se articula una serie determinada de clases sociales, organizaciones e instituciones que expresan contenidos ideológicos y culturales también específicos”. Entonces, lejos de pensar al Estado bajo un rol y posición específica en la transformación neoliberal, el autor propone entenderlo al centro de las contradicciones, al expresarse como “espacio y territorio de disputa y articulación”.

Antes del auge de la época neoliberal, la cuestión estatal fue objeto de debates teóricos y propuestas políticas desde distintos campos disciplinarios y enfoques. Durante la década comprendida entre 1975 y 1985, el estudio del Estado se ubicaba en el centro de los intereses de investigación. Las ciencias sociales en aquel entonces ponían en el centro de su análisis, a la sociedad, con teorías vinculadas a perspectivas pluralistas y estructural-funcionalistas. Lo anterior ocasionaba, de acuerdo con el autor, que las características y funciones compartidas de los Estados se vieran desde una óptica muy general y abstracta.

Conforme el patrón de reproducción capitalista avanzó durante la época neoliberal, los debates sobre el Estado perdieron peso. No obstante, ante "la irrupción de crisis de carácter financiero y productivo, así como diversas crisis sociales y políticas relacionadas con la forma parcial o desigual de la distribución de la riqueza y los recursos materiales, y con la legitimidad política y la apertura democrática", el interés por estudiar al Estado como categoría recobró fuerza. Por lo tanto, Munguía argumenta que, asistimos a una suerte de “revisionismo conceptual”, que responde a la pertinencia del estudio del Estado ante procesos emergentes como “la precarización de la vida material de las sociedades durante la globalización neoliberal, tratando de reposicionar a las coordenadas analíticas para entender los cruces entre el poder económico y la política”.

Comprender las disputas y los proyectos que transforman la sociedad desde la articulación entre política y economía, niega la corriente del liberalismo predominante que ha pensado al Estado-nación como un ente que se ha encogido durante la globalización neoliberal. También, esta perspectiva niega a aquellos análisis que, haciendo referencia a los límites de la modernidad, argumentan que “la generación y multiplicidad de nuevos vínculos societales entre individuos y comunidades, insertos en la lógica global de la información y el conocimiento” hace que se superen las matrices clásicas de organización social y, por tanto, reduce las funciones del Estado a tareas administrativas o gerenciales.

Ante este contexto, el autor considera que son cada vez menos frecuentes los trabajos que analizan la centralidad del Estado en procesos como el crecimiento económico o, por el lado contrario, para operar en beneficio del mercado y los intereses del capital. Lo anterior es fundamental para el autor, ya que considera que “Estado-nación y capitalismo fueron siempre dos elementos de la modernidad articulados y que las crisis y las transformaciones que han atravesado en su historia se han dado a partir de los requerimientos de los ciclos de acumulación y expansión…”.

Fragmentariedad del poder sin pérdida de control

En algunas interpretaciones, las reformas estructurales durante el neoliberalismo han sido vistas como un factor que disminuyó el control del Estado, ya que se piensa que estas reformas respondían al agotamiento de la estatalidad previa a este período. Desde el punto de vista del autor, esta perspectiva deja de lado “las contradicciones de clase y la actuación de las fuerzas políticas que se disputaron la posibilidad de dirección hegemónica”. De esta manera, Munguía recurre a las expresiones de “hegemonía débil” o “hegemonía de la pequeña política” para explicar cómo, a partir de este giro histórico, el Estado no perdió control, sino que se transformó para sostener las primeras fases de implementación del neoliberalismo, con tareas como la consolidación de la democracia procedimental y la difusión de recursos ideológico-políticos de individualidad y competitividad como elementos consensuales.

El autor resalta que, al tiempo que los conceptos de “hegemonía débil” y “hegemonía de la pequeña política” revelan las formas en que se puede asumir la hegemonía ante “procesos de violencia o dominación política en los cuales se pierde la capacidad o el equilibrio entre consenso y coerción”, estos conceptos develan lo inconcluso de los procesos hegemónicos. Así, se convierten en clave para “interpretar las posibles alternativas o los espacios de incidencia de la acción política organizada, tanto de los sectores dominantes como de los grupos subalternos”.

Munguía se apoya del trabajo de David Morton para distinguir tres distintos tipos de hegemonía que responden a la existencia “desigual y combinada de mediaciones consensuales y coercitivas en la configuración del poder estatal.” De esta forma, distingue entre: hegemonía integral (cuando la relación entre clases dominantes y subalternas es orgánica y el ejercicio de la hegemonía se apoya en el consenso de la mayoría); hegemonía decadente (cuando el poder ideológico del grupo gobernante se descompone ante una débil cultura e integración política); hegemonía mínima (cuando la actividad hegemónica de las clases políticas prevalece, pero sus mediaciones políticas son expresadas como “función de dominio”).

Las modificaciones en el plano estatal impulsadas por los sectores dominantes durante el giro neoliberal, que corresponde al inicio de este ciclo de acumulación capitalista, se centraron en la “destrucción o supresión de las capacidades y las tareas productivas y reguladoras del Estado que se habían desarrollado durante la fase previa de acumulación del capital…”. Esta alteración en la organización clasista de las sociedades y en la distribución del poder político, dio paso a la configuración de la “hegemonía débil”, en la cual el Estado no se redujo, sino que cumplió un papel determinante en el proceso de la articulación del neoliberalismo.

Reconociendo al Estado en un sentido histórico y estructural, así como en términos de relacionalidad política y social, el autor propone “identificar los procesos de articulación e imbricación y las contradicciones que emergen en el Estado como relación social…”. La consolidación del neoliberalismo, con la integración entre lo regional y lo global de mercados y capitales, es planteada como un proceso de imposición económica y dominación política que requirió de diseños institucionales, así como de pactos y arreglos entre los Estados y las clases sociales (quienes impulsaron y comandaron el desmantelamiento de la forma de estatalidad anterior).

Relevando a la configuración estatal fordista-keynesiana, apareció, durante la época neoliberal, una configuración estatal que el autor denomina como “neoliberal-autoritaria”, la cual era “producto de las condensaciones históricas y de los intereses económicos y políticos dominantes en esa coyuntura con capacidad de proyección.”

Así, Munguía considera que no hay categoría de Estado en tanto abstracción, sino estatalidades concretas e históricas. De esta suerte, hablar del Estado neoliberal remite únicamente a las generalidades que adopta el Estado durante este período histórico; pero, la estatalidad neoliberal “señala la especificidad que asume en la medida que expresa los contenidos ideológicos y simbólicos a través de los cuales el ‘Estado repite y reproduce la sociedad, la representa'".

En este sentido, Munguía señala que: “no se trata de sólo saber lo que el Estado es, sino también para qué y para quiénes es y debería ser ese Estado en las presentes circunstancias de América Latina.” La contraposición ficticia entre Estado y globalización de los debates en la bibliografía especializada, hace que se pierdan de vista “las contradicciones, las disputas y los conflictos de clase que expresan, cuyo análisis sólo es posible si se les considera articulados”. Asimismo, la dificultad para pensar a lo estatal en el marco de la globalización sin caer en la polarización entre ambos conceptos, deviene en que en el análisis de esta última siempre se piensa preponderantemente en su dimensión económica.

Por otro lado, las nociones de “internacionalización”, “mundialización”, o “transnacionalización”, que a menudo son mezcladas para referir a la idea de un mundo global sin barreras nacionales, entrelazan las escalas local-regional con la global, y, en esa amalgama, superponen las especificidades del control estatal y los mecanismos de regulación global de los mercados. De acuerdo con esta interpretación, lo anterior vuelve difícil que el Estado exprese la síntesis de la dimensión espacio-tiempo que le había sido consustancial. Frente a esto, el autor opina que, si bien el “Estado globalizado” ha tenido que reconfigurar ciertos espacios de poder político y económico y ha dejado de controlar algunos otros, este continúa siendo “la mediación a través de la cual todo tipo de imposición (…) es procesada y traducida” mediante instrumentos “que reafirman y prolongan el poder del aparato del Estado…”.

En cuanto a la preponderancia del capital financiero transnacional y multinacional, Munguía argumenta que este hecho tampoco implica una disminución del poder del Estado, sino su reconfiguración, “en función de los requerimientos actuales de su reproducción y de los bloques de poder emergentes”. También, indica que este cambio en la función del Estado se da a partir del agotamiento del patrón de reproducción del capital desarrollista, el cual, a raíz de la acumulación de crisis, se transformó con una nueva división internacional del trabajo en los años setentas, con mayor explotación de la fuerza de trabajo y fragmentación de los procesos productivos. Esa transformación fue impulsada por los diversos centros económicos.

Ante las distintas hipótesis que intentan ordenar el estudio sobre la relación entre globalización y Estado, el autor retoma el trabajo de Linda Weiss para argumentar que “los elementos considerados normalmente como característicos y concluyentes de las tendencias globalistas (…) han sido siempre una cuestión que pasa por las capacidades diferenciadas de los distintos Estados para hacerles frente". En esta perspectiva, entonces, el poder del Estado se coloca como el primer plano del análisis.

Asimismo, el autor indica que estos elementos característicos de las tendencias globalistas (como los flujos de intercambios y los cambios que se generaron a partir de la inversión extranjera directa y la movilidad del capital) supusieron una transformación radical del patrón de reproducción del capital y que están directamente asociados con las modificaciones políticas que ocurrieron en el plano estatal. Los procesos al interior de los Estados nacionales, así como la reestructuración clasista, se corresponden con tres factores importantes de la nueva fase del capital: a) un requerimiento limitado de infraestructura, b) una fuerza de trabajo menos calificada y c) un desarrollo tecnológico menos avanzado.

Ante este contexto, el autor considera que las relaciones de poder que dan paso al proceso conocido como globalización “tienen un lugar de expresión puntual en el marco de los Estados nacionales”. En otras palabras, las divisiones y los conflictos de clase, que derivan del despliegue histórico de la lógica del capital, se vinculan con las formas jurídicas y políticas del Estado en la sociedad moderna. Señala entonces que “el análisis del Estado implica la necesidad de reconstruir de manera analítica el sentido de la totalidad, que es permanentemente fragmentado y redefinido por el capital, como una de sus formas elementales de reproducción”.

No obstante, el Estado no se agota en la dimensión institucional, sino que su configuración abarca más variables. La capacidad del Estado para abarcar esta clase de variables es síntoma de la centralidad que tienen los elementos de la tendencia globalista en su configuración. Así, el Estado, como expresión histórica, condensa proyectos, necesidades y luchas e intereses, ámbitos y acciones sociales que van más allá de la institucionalidad. Siendo entonces, una “forma sociopolítica en permanente redefinición…”.

La privatización de la seguridad y la hegemonía débil del neoliberalismo

En este apartado, el autor sugiere que la perspectiva metodológica planteada en el texto también ayuda a resolver el problema de los estudios que intentan abordar las transformaciones recientes del Estado considerando de manera separada o fragmentaria las dimensiones que componen la totalidad del proceso (por ejemplo, las perspectivas que ven a la participación del Estado únicamente en las reformas en materia institucional, penal o judicial). De acuerdo con Munguía, lo anterior reproduce una “perspectiva de corto alcance que desatiende la configuración sociohistórica de los fenómenos”; por lo que identificar a los procesos que componen la estatalidad neoliberal y su proyección en las políticas y programas de intervención pública, ayuda a superar “lo evidente” sobre el Estado.

Bajo este lente, Munguía establece que las formas específicas de dominación que toman lugar en la sociedad mexicana durante el periodo neoliberal, se encuentran sostenidas y son reproducidas por los mecanismos de consenso y coerción albergados por la estatalidad. Se trata de dejar de ver al Estado como “forma de gobierno”, que opera en un espacio neutral, para verlo como un espacio de mediación en donde se definen las "cuestiones" y se discuten los proyectos que pueden convertirse en políticas generales, "según la direccionalidad de la correlación de fuerzas soociopolíticas existentes en una coyuntura específica".

Desde la perspectiva relacional, Oscar Oszlak y Guillermo O’Donnell plantearon las líneas generales de investigación para abordar la desestructuración de la estatalidad desarrollista en beneficio de la neoliberal en América Latina. Estas líneas giran en torno a: la identificación de las políticas estatales como expresión de un momento histórico determinado (lo que lleva a ver al proceso de desmantelamiento de la estructura nacional-autoritaria del Estado mexicano y su refuncionalización bajo políticas y reformas neoliberales como una "crisis orgánica" del Estado, a diferencia de quienes afirman que se trató de un "achicamiento" del Estado); la identificación de las tensiones en la correlación de fuerzas que producen este primer proceso, así como la confrontación de los sectores viejos y nuevos de clase y los cambios en la composición del bloque en el poder con alcance estatal; el reconocimiento del surgimiento de una nueva forma de estatalidad que modifica las pautas de inclusión y exclusión de sujetos y organizaciones (sustentadas por las políticas estatales).

Consideraciones finales

De acuerdo con Munguía, “la reflexión en México en torno al Estado ha permanecido un tanto oscurecida o ha sido relegada en diversos acercamientos a la política que se centran más en una dimensión meramente institucional del proceso (…) o bien privilegian una perspectiva más ligada a los movimientos sociales…”.

Según la perspectiva que propone este texto, que consiste en no separar la dimensión institucional del Estado de la lectura estructural, el esquema general del "Estado financiero" que entró en vigor cuatro décadas atrás, se convierte en el primer plano de análisis para pensar en los fundamentos políticos, institucionales y sociales de la privatización de las cárceles en México. Lo anterior evidencia la obsolescencia del discurso que manifiesta que la transferencia de la administración de centros penitenciarios a privados alivia la carga presupuestal de los gobiernos, al tiempo que mejora las condiciones de las personas privadas de la libertad.

Así, el autor concluye que: “de la crisis estructural provocada por el desmantelamiento de un tipo de estatalidad (…) se desprenden múltiples modificaciones de las pautas de funcionamiento institucional y de las relaciones sociales que socavan los mecanismos de articulación entre los grupos y las clases sociales”. Esto genera una “crisis estatal”, bajo la cual, las posibilidades de transformación de esta condición se encuentran socavadas y en donde la privatización de la seguridad tiene lugar.

Nexo con el tema que estudiamos: 

Si bien el esquema de método que se presenta en este texto se pensó para estudiar la privatización de la seguridad en México, es útil para entender la relación del Estado con las empresas y la sociedad en el marco del neoliberalismo. Al dejar de lado los enfoques tradicionales que argumentan una “reducción” del Estado en la etapa neoliberal, esta propuesta permite ampliar el análisis de la relación de estos tres entes hacia otras dimensiones, que normalmente no se estudian desde este trinomio, como son el autoritarismo y la destrucción del medio ambiente en México.