El imperialismo climático en el siglo XXI

Cita: 

Gosh, Jayati, Shouvik Chakraborty y Debamanyu Das [2023], "El imperialismo climático en el siglo XXI", El Trimestre Económico, XC-1(357): 267-291, CDMX, FCE, https://www.eltrimestreeconomico.com.mx/index.php/te/article/download/17...

Fuente: 
Artículo científico
Fecha de publicación: 
Marzo, 2023
Tema: 
El imperialismo climático como principal riesgo para la vida en el planeta
Idea principal: 

Jayati Gosh es una economista que trabaja en la Universidad de Jawaharlal Nehru, en Nueva Delhi, y en la Universidad de Massachusetts en Amherst. Desde 2002 es secretaria ejecutiva de International Development Economics Associates. En 2010 recibió el premio de la Organización Internacional del Trabajo a la Investigación sobre el Trabajo Decente. Una de sus principales líneas de investigación son los efectos del neoliberalismo y la globalización en la India.

Shouvik Chakraborty tiene un doctorado en economía por el Centro de Planeación y Estudios Económicos de la Universidad Nehru, en New Delhi. Se especializa en políticas de desarrollo económico.

Debamanyu Das estudia el doctorado en el Departamento de Economía de la Universidad de Massachusetts, Amherst.


Una definición general del imperialismo es la lucha del capital monopolista por hacerse de más territorio económico con el apoyo activo de los Estados, en el marco de un sistema mundial dominado por una potencia hegemónica. Esta definición de imperialismo retoma la idea formulada por Lenin a inicios del siglo XX. Desde entonces, la estructura del imperialismo no ha cambiado en su esencia; pero la forma del territorio económico en disputa es variable, puede ser tierra, recursos naturales, mano de obra, mercados, servicios públicos privatizados, nuevos espacios para la propiedad (como la propiedad intelectual), entre otros. Con el capitalismo en su fase neoliberal globalizadora, una de las formas de territorio económico, vinculadas al autoritarismo, y que se ha expandido recientemente es la interacción ambiental humana con el planeta.

A lo largo de la historia del capitalismo los conflictos e intereses imperiales han adquirido diversas formas. En el siglo XIX muchos conflictos estaban marcados por la búsqueda imperial de expandir las tierras controladas. Las guerras de finales del siglo XX han tenido como eje el control de fuentes energéticas como el petróleo. En el siglo XXI los conflictos por el agua se incrementaran exponencialmente, y los cambios provocados por la ruptura metabólica del planeta es cada vez más central en la lucha por la influencia, el control y la apropiación.

Esta forma del imperialismo capitalista actual se manifiesta en cinco fenómenos evidentes:

  1. La producción y consumo en los países centrales que sostienen un estilo de vida imperial que provoca masivas emisiones de dióxido de carbono con devastadoras consecuencias ambientales.
  2. Las formas mañosas de enfrentar el cambio climático en las negociaciones internacionales.
  3. La distribución de las finanzas mundiales que beneficia las operaciones que aumentan las emisiones, y falta de apoyo necesario para proyectos de reducción de emisiones.
  4. Los monopolios de conocimiento privatizado que niegan a las mayorías el acceso a las tecnologías necesarias para enfrentar el cambio climático.
  5. Las nuevas necesidades tecnológicas para la adaptabilidad al cambio climático está incrementando la apropiación de recursos naturales, especialmente aquellos minerales denominados "estratégicos". En consecuencia esto genera nuevas formas de competencia extractivista entre las potencias.

I. La deuda del dióxido de carbono en la historia y en la actualidad

Desde la mitad del siglo XIX y hasta 2011 los países centrales han emitido la mayor parte del total de las emisiones globales. Estas emisiones de gases de efecto invernadero son la principal causa del actual cambio climático. En el fondo, dichas emisiones son la consecuencia de la sobreexplotación planetaria por parte de un pequeño grupo de países ricos (Dato Crucial 1). Uno de los grandes problemas es que los efectos del cambio climático se manifiestan con mayor intensidad en los países periféricos, que tienen menos ingresos y menos capacidad para hacerle frente al problema. Por tanto, cualquier idea de transición justa debe tener en cuenta la deuda climática. Los actuales compromisos de los países ricos de cero emisiones netas para el futuro no consideran el impacto amplio y devastador de su propia trayectoria histórica de desarrollo. De considerar la histórica deuda climática las propuestas tendrían que cambiar (Dato Crucial 2).

En las negociaciones internacionales los países metropolitanos han logrado centrar la discusión en los actuales niveles de emisiones, eludiendo los temas de deuda climática y responsabilidad histórica. Tampoco se acepta la necesidad de compensar a los países periféricos que han sufrido las peores consecuencias del cambio climático. El problema de esta falta de solidaridad va más allá de un asunto ético; pues, para encarar el cambio climático se necesita de solidaridad y cooperación internacional. De mantenerse el esquema de los actuales compromisos para reducir las emisiones, la deuda climática de los países ricos seguirá aumentando y cuando se rompa el límite crítico de 1.5°C por encima de la temperatura preindustrial estos países serán los principales responsables (Dato Crucial 3).

II.Estimado de la responsabilidad nacional por las emisiones de dióxido de carbono

Los ecosistemas y las consecuencias de la devastación de la naturaleza no funcionan ni se manifiestan en función de las fronteras nacionales. Aún así, las estrategias para combatir el cambio climático son predominantemente nacionales. Los compromisos y negociaciones climáticas se articulan entorno a la responsabilidad climática, la cual se calcula con el equivalente de las emisiones de dióxido de carbono generadas por la actividad productiva dentro de las fronteras nacionales. Bajo este método China, India y Estados Unidos, son los principales responsables de las emociones de CO2.

En lo que va del presente siglo los países en desarrollo han tenido las mayores tasas de aumento en las emisiones de carbono. De hecho, algunos países desarrollados han disminuido las emisiones de su producción nacional (Dato Crucial 5); pero lo lograron exportando sus emisiones, desplazaron sus industrias más contaminantes hacia países periféricos, reestructuraron su economía hacia los servicios que dependen de menos energía, y realizaron algunos cambios en el sistema energético para usar menos fuentes fósiles sustituyéndolas con otras como las renovables o la nuclear.

El enfoque dominante en las discusiones climáticas se centra en las emisiones totales absolutas sin tomar en cuenta la población. Este enfoque sirve para ocultar que los países centrales siguen siendo, por mucho, quienes generan más emisiones por persona (Dato Crucial 6). Pero, tomar en cuenta la población no basta para dimensionar la desigualdad entre las emisiones de carbono.

Con la exportación de las industrias más contaminantes, los países centrales logran consumir productos y servicios cuya producción se realizó en otro lugar. Mediante este esquema, las emisiones del total del consumo e inversiones de un país no son tomadas en cuenta pues buena parte de ellas se localiza en otros países (Dato Crucial 7). De hecho, el Grupo de Trabajo III sobre Mitigación, del Grupo Interdisciplinario de Expertos Climáticos (IPCC, por sus siglas en inglés) señaló que buena parte de las emisiones de los países en desarrollo son causadas por la producción de exportaciones para los países desarrollados (Dato Crucial 8 y 9). Aunque dicho señalamiento fue eliminado por los gobiernos en la versión final del informe [1].

Si se toma en cuenta la población y la demanda final los países centrales son, por mucho, los mayores emisores de gases de efecto invernadero.

III. La desigualdad como impulsora de las emisiones de dióxido de carbono

La desigualdad de las emisiones no sólo debe analizarse en una escala nacional, pues el promedio nacional oculta importantes desigualdades al interior de un país. De hecho, las desigualdades globales tienen como origen las desigualdades de clase al interior de los países. En los países pobres hay sujetos que generan un alto nivel de emisiones, al tiempo que en países ricos hay personas con un nivel muy bajo de emisiones.

Es importante señalar que si bien los ricos de todas las regiones del mundo provocan un alto nivel de emisiones, los ricos de Norteamérica superan por mucho a los ricos de otras regiones. Mientras tanto, la mitad más pobre de las regiones centrales tiene un nivel relativamente bajo de emisiones (Dato Crucial 10).

Existe una articulación entre la creciente desigualdad y las emisiones generales de dióxido de carbono; pues, mientras la mitad de la población con menos ingresos ha disminuido sus emisiones, las personas más acaudaladas las han aumentado significativamente (Dato Crucial 10). Tanto en países ricos como en países pobres las élites “son capaces de beneficiarse de un sistema económico en el que se apoderan de más y más de los recursos disponibles, incluyendo las extracciones de la naturaleza y la explotación del planeta” (p. 278). Los impuestos sobre las emisiones no alteran el patrón de consumo de los grupos más acaudalados, en cambio afectan más a las clases medias y pobres. La cuestión es que las políticas climáticas y las estrategias para reducir las emisiones de carbono deberían centrarse en limitar el consumo de las elites, tanto localmente como globalmente.

IV. El papel de las finanzas en las inversiones cafés y verdes

Los países centrales son los principales responsables de la crisis climática; pero las peores consecuencias las sufren los países pobres. En 2009, en una conferencia de Naciones Unidas las naciones metropolitanas se comprometieron a financiar los problemas climáticos de los países en desarrollo. El financiamiento propuesto fue mucho menor de lo necesario y, además, nunca se cumplió totalmente (Dato Crucial 12). Lo que se observa es que los recursos no faltan, los gobiernos de los países centrales movilizaron una cantidad masiva de recursos como gasto fiscal adicional para enfrentar la pandemia de coronavirus, e incluso con los recursos de los nuevos derechos especiales de giro emitidos por el Fondo Monetario Internacional (FMI) podrían cumplir sus compromisos de financiamiento climático (Dato Crucial 14).

La tacañería de los países centrales para con la causa climática resalta aún más cuando se contrasta con los subsidios que otorgan a su industria de combustibles fósiles. Las estimaciones de los subsidios otorgados varían de acuerdo con la metodología usada, desde la perspectiva de los autores el cálculo más pertinente lo hace el FMI pues toma en cuenta el financiamiento explícito como el implícito, que se manifiesta en acciones como reducir el cobro por los daños ambientales (Dato Crucial 15). De acuerdo a los cálculos es evidente que los gobiernos centrales están deformando los precios y otorgando beneficios a favor de los combustibles fósiles, y, por tanto, las inversiones de las finanzas privadas continúan centrándose en las energías cafés (es decir, las energías provenientes de los combustibles fósiles).

Para analizar la dinámica financiera entre privados y combustibles fósiles hace falta datos confiables y transparentes. Los datos disponibles sugieren que la mayoría de la inversión extranjera en la industria del carbón proviene de capitales privados, principalmente bancos comerciales e inversionistas institucionales de las economías centrales (Dato Crucial 16). Las emisiones causadas por las inversiones de los bancos en las que las corporaciones transnacionales colocan sus activos juegan un papel crucial pues en algunos casos superan las emisiones de sus otras operaciones (Dato Crucial 17).

Cualquier política pertinente para enfrentar el cambio climático debe corregir la disparidad entre el financiamiento climático y los subsidios y financiamientos que recibe la industria de los combustibles fósiles. Lastimosamente, con la guerra en Ucrania los países del Norte Global han renegado de sus mínimos e insuficientes compromisos climáticos.

V. La Nueva Búsqueda de Recursos

El desarrollo tecnológico no altera la estructura del imperialismo; pero sí cambia los recursos en disputa. Con la transición energética varios minerales críticos incrementaran sustancialmente su demanda y explotación. Por ejemplo, el litio es un mineral crucial para la descarbonización de la economía mundial pues se utiliza en diversos objetos, desde baterías de autos eléctricos hasta tratamiento del aire (Dato Crucial 18).

Actualmente la mayor parte del litio se explota en países del Sur Global y en Australia, que es el mayor productor de litio. Debido a la naturaleza de este mineral no puede encontrarse en estado puro, es necesario aplicar diversas técnicas de extracción y procesamiento. Los recursos identificados de litio se han estado incrementado y se concentran principalmente en países latinoamericanos. Por su parte, China un sujeto importante en el control de las cadenas de oferta, importa más litio del que exporta.

La industria del litio está generando preocupaciones ambientales, especialmente en los países periféricos. El triángulo del litio es una región compuesta por los salares de Chile, Bolivia, y Argentina, y tiene las reservas de litio conocidas más grandes del mundo. El proceso de extracción y procesamiento de este mineral tiene devastadoras implicaciones socioecológicas, pues ha agotado y contaminado las fuentes de agua utilizadas por las comunidades locales, constantemente se cometen abusos a derechos humanos, hay enfermedades respiratorias, explotación laboral, desplazamiento de las comunidades que históricamente han habitado estos territorios, además de una gran opacidad en la forma en que se obtiene el consentimiento para los proyectos por parte de las comunidades. Los mecanismos de extracción de litio usan cantidades masivas de agua. Esta sobreexplotación del líquido vital altera el ciclo hídrico, lo contamina con químicos tóxicos y pone en riesgo su disponibilidad para las comunidades locales. Varios pueblos originarios han articulado protestas en defensa del agua y en contra de la sobreexplotación y mercantilización de ésta; por su parte, compañías nacionales y transnacionales usan sus recursos para adquirir a perpetuidad las fuentes de agua de las comunidades originarias (Datos Cruciales 18,19, 20 y 22).

La extracción del litio puede ser distinta, no tiene que ser sinónimo de devastación socioambiental si se desarrollan las estructuras institucionales y regulatorias adecuadas. La extracción a cargo del Estado en países institucionalmente fuertes puede recaudar recursos y redirigirlos al beneficio de la economía interna. Incluso los gobiernos pueden obtener más recursos mediante impuestos progresivos a la ganancia de las corporaciones, impuestos a la renta de recursos, y el cobro de derechos. Aunque uno de los problemas es que tras el Consenso de Washington los derechos sobre los minerales fueron drásticamente disminuidos, además, también se necesitarán procesos transparentes y gobiernos responsables para impedir que se desarrollen mecanismos verticales que beneficien a las élites.

El litio solo es un caso. Las tierras raras tendrán un papel crucial pues se utilizan en todos los procesos de la transición energética, y también, su extracción y procesamiento es potencialmente devastador con los ecosistemas. Actualmente China controla la mayor parte de la cadena de producción de tierras raras, aunque Estados Unidos y Australia han estado ampliando su participación en este mercado (Dato Crucial 23). Con el incremento de la demanda de tierras raras, así como las necesidades de bienes de inversión, militares, de consumo, y tecnologías para la transición energética, surgirán nuevos mecanismos de control. El control de China sobre las cadenas y manufactura en elementos ligados a la transición provocan que los países centrales la vean como una amenaza, por lo que las guerras imperialistas del siglo XXI serán más complejas y se presentaran de distintas formas.

Es un hecho que la frontera del capital se amplía a medida que el desarrollo tecnológico permite la explotación minera en regiones anteriormente no accesibles, como los polos Ártico y Antártico. Existen intenciones de ampliar la minería al fondo marino y hay esfuerzos de privados para buscar minerales en el fondo del mar, sin importar la potencial devastación ecológica y las masivas extinciones de vida.

VI. Conclusión

El imperialismo climático es una nueva modalidad, probablemente la más letal, de imperialismo en la economía mundial. Para combatirlo es necesario comprender su complejidad. Al mismo tiempo, es necesario enfrentar el monopolio de conocimientos diseñado por el régimen mundial de derechos de propiedad intelectual y reforzado por el Acuerdo sobre los aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio; pues para enfrentar la crisis climática la humanidad deberá tener acceso a las nuevas tecnologías.

El imperialismo climático tiene el potencial de destruir todo el planeta, pero, diversos acuerdos económicos, legales e institucionales podrían desembocar en un proceso más justo y equitativo que este en armonía con el planeta. La condición de posibilidad de evitar el potencial riesgo planetario es la urgente transformación total del sistema capitalista mundial.

Notas

[1] El protocolo de Naciones Unidas permite que los países propongan y negocien cambios al resumen para ejecutivos y gestores del extenso informe del IPCC. Los cambios realizados han beneficiado ha ciertos lobbies empresariales, http://let.iiec.unam.mx/node/3850 , http://let.iiec.unam.mx/node/4393

Datos cruciales: 

1. Los países desarrollados concentran 80% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero emitidos en el período 1850-2011. En la actualidad estos países solamente representan 14% de la población mundial.

2. La United States Climate Action Network calculó que una participación justa por parte de Estados Unidos en los esfuerzos mundiales por mitigar el cambio climático implicaría que este país redujese sus emisiones de gases de efecto invernadero 195% respecto a los niveles de 2005.

3. Las proyecciones y los propios compromisos climáticos de los países centrales mantienen el patrón de la deuda climática pues implican que seguirán apropiándose de 60% de las emisiones de dióxido de carbono.

4. Tomando en cuenta únicamente las emisiones generadas por la actividad productiva al interior de las fronteras nacionales, China, Estados Unidos e India son responsables por más de la mitad de las emisiones mundiales.

5. Entre 2000 y 2019 la tasa de emisiones de carbono aumentó más de tres veces para China, 2.7 veces para India, 4.7 para Indonesia, y en Arabia Saudita se duplicó. Durante el mismo periodo el total de emisiones de la producción nacional se redujo 12% para Estados Unidos y Japón, mientras que Alemania descendió 22%.

6. Estados Unidos y Australia generan ocho veces más emisiones de Co2 per capita que países en desarrollo como India, Indonesia y Brasil. Incluso China tiene menos de la mitad de las emisiones per capita que Estados Unidos.

7.

8. El Grupo de Trabajo III del IPCC calculó que más de 40% de las emisiones de los países en desarrollo se debían a la producción de exportación para los países centrales. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, las emisiones exportadas por parte de sus países miembros tuvieron un máximo histórico en 2006 con 2 278 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono, que equivale a 17% del total de emisiones de estos países; actualmente las emisiones exportadas han disminuido pero siguen representando alrededor de 1 577 millones de toneladas métricas.

9.-Los cálculos sobre la exportación de emisiones de dióxido de carbono realizadas por la OCDE se hacen mediante la construcción de tablas de insumo-producto globales multirregionales con extensiones ambientales. Estas estimaciones proporcionan una referencia de las emisiones de carbono con base en la demanda final (consumo más inversión) y el saldo de carbono al que se llega mediante el comercio exterior, que integra las emisiones de carbono en la producción (incluyendo la producción para exportación) menos las provenientes de las importaciones.

10.

11. En el periodo de 1990 a 2019, la mitad de las personas con los ingresos más bajos en Estados Unidos y Europa han disminuido sus emisiones per cápita entre 15 y 20%, mientras que el 1% más rico ha aumentado significativamente sus emisiones en todo el mundo. De hecho, 10% de las personas más acaudaladas son responsables de casi la mitad del total de emisiones de dióxido de carbono.

12. En 2009, en la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático los países desarrollados se comprometieron a otorgar financiamiento climático, en forma de ayuda bilateral, a los países en desarrollo por un monto de 100 000 millones de dólares anuales. Pero, desde 2013 se calcula que en promedio solamente se otorgan 60 000 millones de dólares, de los cuales solo una fracción llega en la forma acordada. La estimación de 2020 indica que se otorgaron 80 000 millones de dólares; pero, de dicha cantidad un tercio se otorgó mediante instituciones multilaterales, y otra parte mediante finanzas privadas. El financiamiento público bilateral solamente ha representado un promedio de 18 000 millones de dólares anuales entre 2013 y 2019.

13. Las estimaciones del IPCC indican que el costo de adaptación climática, sin proyectos de mitigación de emisiones, excede los 100 000 millones de dólares anuales.

14. A raíz de la crisis económica ocasionada por la pandemia, los nuevos derechos especiales de giro otorgados por el FMI a los países ricos suman: 400 000 millones de dólares.

Los créditos proporcionados por el FMI a los países ricos durante la debacle económica por la Covid-19, superó por cuatro veces el monto anual establecido como transferencias de ayudas bilaterales de países ricos a países en desarrollo para financiar el combate al cambio climático.

15. Según las estimaciones de la OCDE y de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) los gobiernos de los 52 países desarrollados y emergentes que representan cerca de 90% del total mundial de la oferta de energía de origen fósil otorgaron subsidios a la industria de combustibles fósiles por un valor promedio de 555 000 millones de dólares anuales de 2017 a 2019.

Según las estimaciones del FMI, en 2020 los subsidios globales a los combustibles fósiles fueron de 5.9 billones de dólares, de los cuales los subsidios implícitos representaron 92%. China es el país que otorga más subsidios a la industria fósil, seguida de Estados Unidos, Rusia, India y la Unión Europea. El subsidio total de Estados Unidos fue de 662 000 millones en 2020; mientras que la administración de Biden solo se comprometió con 5 700 millones de dólares para la crisis climática. Mientras que el IPCC (Parry, et.al. 2021) estima que en 2020 el financiamiento global para la crisis climática de fuentes tanto públicas como privadas sólo llegó a un total de 640 000 millones de dólares.

16.- 14 de los 15 principales prestamistas a las nuevas inversiones globales en carbón están basados en economías avanzadas occidentales. Al mismo tiempo, los inversionistas institucionales que dominan los bonos y acciones de compañías de combustibles fósiles provienen de las mismas economías, los tres principales inversionistas son de Estados Unidos: BlackRock, Vanguard, y Capital Group.

17.- Las proyecciones de la IEA muestran que la explotación de minerales críticos se incrementara, por los menos, 30 veces en las próximas décadas. Para el litio, se proyecta que en un escenario de desarrollo sustentable su demanda aumente 42 veces para 2040.

18.- En el triángulo del litio, la extracción del mineral se realiza mediante el bombeo de las salmueras y la evaporación solar. El proceso utiliza alrededor de 500 000 galones de agua para producir una tonelada de litio.

19.- En Antofagasta, Chile, las empresas mineras son propietarias de casi 100% de los derechos de agua, y el uso de este recurso es de 1 000 litros por segundo.

20.- Las disputas territoriales en Sudamérica se extienden en diversos países. En Argentina hay conflictos entre movimientos organizados a nivel municipal y los gobiernos provinciales sobre rentas mineras; en Guatemala hay acciones colectivas por comunidades indígenas; en Perú, los movimientos campesinos han realizado consultas populares sobre los proyectos mineros; en Venezuela se convocaron protestas contra las actividades mineras en el Arco Minero del Orinoco y en otras regiones; y en Chile las tensiones entre los mapuches y las autoridades locales siguen siendo altas.

21.- La minería está provocando desplazamientos de pueblos originarios. La población rural en las comunidades norteñas de la región de Tarapacá en Chile disminuyó de casi 46 a 6% entre 1940 y 2002.

22.- La Minera Exar, un emprendimiento conjunto de Chile y Canadá tuvo acuerdos con seis comunidades locales para extraer litio en Argentina. Se esperaban ventas de aproximadamente 250 millones de dólares al año, y a cada una de las comunidades indígenas se le prometió una compensación que variaba de 9 000 a 60 000 dólares anuales; pero los testimonios de los y las habitantes locales indica que no hay tal compensación.

23.- China tiene alrededor de 37% de las reservas mundiales de tierras raras. Se calcula que las empresas chinas controlan más de 85% de la etapa de procesamiento de las tierras raras. Además, China tiene más de 90% de las capacidad de manufactura de los wafer de silicón, un material básico para la manufactura de semiconductores electrónicos. Mientras tanto, en años recientes Australia y Estados Unidos produjeron 12 y 9% de elementos de tierras raras a nivel mundial, respectivamente.

Trabajo de Fuentes: 

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Nexo con el tema que estudiamos: 

Uno de los elementos más importantes de este artículo es que muestra como la responsabilidad en las emisiones de gases de efecto invernadero permanece oculta por las metodologías que se utilizan para medir la cantidad de emisiones. Es importante prestar atención a las inversiones, los patrones de consumo, la población y la clase, para evitar caer en las artimañas engañosas que se presentan en las negociaciones climáticas. Asimismo, es central ubicar las formas en que las grandes potencias disputan el control de los recursos para la transición energética, y el papel que van a jugar las periferias en las que se encuentran minerales clave como el litio.