Disorder under heaven. The travails of a regional hegemon. China’s battle for influence in its region. The country’s status among its neighbours is not keeping up with its growing powers

Cita: 

The Economist [2017], "Disorder under heaven. The travails of a regional hegemon. China’s battle for influence in its region. The country’s status among its neighbours is not keeping up with its growing powers", The Economist, London, 22 de abril, https://www.economist.com/news/special-report/21720718-countrys-status-a...

Fuente: 
The Economist
Fecha de publicación: 
Sábado, Abril 22, 2017
Tema: 
Las vicisitudes de la estrategia de ampliación hegemónica de China en Asia
Idea principal: 

La isla china de Hanian es cada año la sede del Foro de Boao, que es comúnmente descrito como el Davos asiático. En esta reunión se habla de “respeto mutuo”, de relaciones “ganar-ganar” y de un “destino común” asiático. “No obstante, los miles de millones de dólares necesarios para las iniciativas en la región, incluida la necesaria infraestructura, vienen predominantemente de China. Y el escenario del foro parece diseñado para dar la impresión de que los líderes asiáticos y los dignatarios extranjeros están pagando tributo a los gobernantes de un imperio naciente”.

Hanian expresa también otra dimensión más dura del poder chino: ahí se encuentra la base naval de Yulin, una base estratégica por estar ubicada en el punto de China más cercano al estrecho de Malaca y a las profundidades del mar del sur de China (o mar de la China meridional), por donde pasa “más de la mitad de la carga mercante del mundo”.

Las pretensiones marítimas de China son de gran alcance y tienden a ampliarse cada vez más. “Durante los últimos tres años, China ha empleado una fuerza naval y costera en rápida expansión para reforzar sus reclamaciones sobre corales y rocas muy lejos en el mar. Ha usado flotas de dragado para construir islas artificiales y pistas en ellas. Esta política oficial es respaldada por fuerzas no oficiales”. Todo esto perturba a los vecinos de China, pues lo que sucede en Hainan no es sino un microcosmos de un problema más amplio: “China quiere ser visto con admiración y respeto, pero conforme se vuelve más fuerte y poderoso, inquieta con tanta frecuencia como tranquiliza”.

La creciente presencia de China en el mundo comenzó a sentirse poco después de la muerte de Deng Xiaoping en 1997. Una de las políticas impulsadas por el gobierno chino para posicionarse con fuerza en el exterior fue la de incentivar la inversión de las compañías estatales en el resto del mundo, especialmente en la extracción de recursos minerales necesarios para el acelerado crecimiento industrial del país. “Después de un comienzo lento, esta inversión es de aproximadamente 80 mil millones de dólares al año”. No obstante, el ascenso de Xi Jinping como presidente de la República Popular China hace cinco años representó un cambio en la política exterior de este país. Dos características forman parte de este cambio en la política: una nueva firmeza territorial y una ofensiva que utiliza el poder económico de China como una herramienta para posicionarse.

En 2014, Xi Jinping presentó numerosas iniciativas de infraestructura regional bajo la ambigua frase de “un cinturón, una ruta”. “El ‘cinturón’ es, confusamente, una ‘Nueva Ruta de la Seda’: una serie de carreteras, vías férreas y proyectos de energía que buscan vincular de forma más cercana a las regiones occidentales de China con Asia central y eventualmente con Europa. En enero, con mucha fanfarria, un servicio chino de carga recorrió esta ruta desde Yiwu, en la provincia de Zhejiang, hasta Londres. (El viaje tomó 18 días; la carga tuvo que ser cambiada de trenes en numerosas ocasiones debido a los diferentes anchos de las vías férreas, lo que muestra en qué estado de avance se encuentra el ‘cinturón’). La parte de la rúbrica que alude a la ‘ruta’, igualmente confusa, es una ‘Ruta de la Seda Marítima’ que buscará conectar el suroeste de China que no tiene litorales con el sureste de Asia, el Océano Índico y más allá”.

Estos proyectos de infraestructura regional buscan impulsar a las empresas chinas de ingeniería, que están enfrentando una desaceleración y un exceso de capacidad en el interior del territorio. “Pero principalmente las estrategias de la Ruta de la Seda son presentadas como el regalo de Mr. Xi a una región necesitada de infraestructura –la dimensión exterior de su ‘sueño chino’ de elevarse a la preeminencia”. Para financiar estos proyectos se han creado distintos fondos, como el “Fondo de la Ruta de la Seda”, el Nuevo Banco de Desarrollo y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés), que tienen un capital autorizado combinado de 240 mil millones de dólares.

Para muchos estadounidenses estas iniciativas, y en particular el AIIB, anuncian un poderoso nuevo orden liderado por China. “La administración de Barack Obama urgió a sus aliados a no unirse al AIIB. Japón acató la petición; Australia, Gran Bretaña y Corea del Sur la ignoraron”. Es común sobrestimar la importancia de estas iniciativas. Por ejemplo, aun cuando el presupuesto combinado de los bancos y fondos destinados a los proyectos de la “Ruta de la Seda” ascienden a 240 mil millones de dólares, la base real de capital de la que dispondrán antes de 2020 es de sólo 40 o 50 mil millones de dólares. “Ese es, ciertamente, un presupuesto del tamaño del que recibe el Banco Mundial. No obstante, el valor de esta institución radica más en sus profundos recursos técnicos e intelectuales que en el dinero que desembolsa. Las nuevas instituciones de China no pueden echar mano de algo comparable”.

La estrategia de la Ruta de la Seda apunta a ampliar más allá de las fronteras de China su modelo utilitario para la construcción de infraestructura, bajo el cual las poblaciones locales que son afectadas por los grandes proyectos no son siquiera consultadas. Esto puede ser peligroso, no sólo para las pequeñas empresas chinas que tienen poca o nula experiencia invirtiendo en el exterior sino por los riesgos políticos y de seguridad implicados en poner los proyectos y trabajadores chinos en los países frágiles e inestables de Asia central, donde estos proyectos no tienen el apoyo de las comunidades y donde no se ha evaluado su impacto social. “Los líderes chinos no necesitan poner mucha atención a estos detalles en casa, pero en una región pobre y desgarrada por la insurgencia como Baluchistán esto podría ser explosivo”.

En la política que tienen hacia su periferia, los líderes chinos tienen siempre presentes a Estados Unidos. "Ellos esperan que los países que han sido abrazado la política de desarrollo de China se sentirán menos atraídos a formar parte del orden de seguridad regional dirigido por Estados Unidos. No obstante, comprar el poder no es así de simple". La cercanía de los líderes chinos con las élites locales puede provocar la hostilidad popular, como sucedió en Birmania o en Sri Lanka, donde los regímenes apoyados por China han sido destituidos del poder ante el descontento popular. En sus relaciones con sus vecinos más pequeños, los líderes chinos están cometiendo el error de atribuir cualquier comportamiento o acción que les desagrada a la influencia estadounidense, en lugar de ver su propia responsabilidad en ello. Además, los hombres de Pekín "no están logrando entender que su comportamiento agresivo, como se muestra en el Mar del Sur de China, debilita a su diplomacia del desarrollo. Esa disonancia entre su creciente poder y el rezago de su estatus amenaza con sumarse a la lista de los descontentos de China".

Datos cruciales: 

Por el estrecho de Malaca pasa un tráfico de mercancías tres veces mayor que el del canal de Suez y 15 veces mayor que el del canal de Panamá. 

Nexo con el tema que estudiamos: 

El liderazgo chino está preparando dos brazos para ampliar su influencia en la región: el económico, mediante el otorgamiento de fondos para llevar adelante proyectos de inversión en infraestructura, y el militar. Estas agresivas formas de hacer política por parte de los hombres de Pekín pueden traer más problemas que beneficios en regiones inestables como Asia central. Para que China lleve delante de forma exitosa su estrategia de ampliación hegemónica requerirá mucho más que su poderío económico y militar: será necesaria una sutil mezcla de prudencia y paciencia, a la cual no parecen estar acostumbrados. Lo esencial por lo pronto, es la proyección de iniciativas estratégicas para construir posiciones más allá de la periferia china próxima: ahora el conjunto de sociedades resiente la expansión de China.

Aquí pueden consultarse las otras fichas de los textos de este reporte especial de The Economist:

http://let.iiec.unam.mx/node/1344

http://let.iiec.unam.mx/node/1345

http://let.iiec.unam.mx/node/1356