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Colonización y exploración espaciales

    En síntesis

    En esta sección se presentan los resultados del trabajo de síntesis bibliográfica del let.
    Las fichas completas se encuentran en la página del Laboratorio.

    Lorena Preciado*

      La exploración y colonización espaciales no solo son imaginarios de novelas de ciencia ficción o temas de las películas de Hollywood, también son un eje de investigación, política pública y oportunidades que se desarrollan en diferentes agencias gubernamentales, universidades, corporaciones transnacionales o institutos de investigación en diferentes países. La colonización y exploración espacial se justifican por diferentes razones: encontrar nuevos recursos minerales (https://let.iiec.unam.mx/node/3772); turismo espacial; mitigar los riesgos existenciales en el planeta Tierra; expandir el imperio de lo “humano” (https://let.iiec.unam.mx/node/3660); encontrar seres extraterrestres (https://let.iiec.unam.mx/node/4417); (https://let.iiec.unam.mx/node/3746); (https://let.iiec.unam.mx/node/3862); exportar seres terrestres al espacio (https://let.iiec.unam.mx/node/1573); o encontrar nuevos planetas (https://let.iiec.unam.mx/node/3169).

      Desde 1975, el Instituto de estudios espaciales, parte de la L5 Society1, planteó el objetivo de promover las ideas sobre la colonización espacial y sus potenciales contribuciones a la “prosperidad humana”. Este tipo de organización puso especial énfasis en el acceso a los recursos, energía y la explotación de “riquezas” en el espacio exterior. En décadas recientes han surgido nuevos actores privados que reformulan los proyectos de colonización espacial, mediante la creación de corporaciones dedicadas al sector aeroespacial, entre ellas SpaceX y Blue Origin (https://let.iiec.unam.mx/node/4284).

      Sin embargo, los proyectos de expansión humana hacia el espacio enfrentan limitaciones significativas. Diversos estudios señalan que la permanencia prolongada fuera de la Tierra implica riesgos para la salud humana, como la disminución de la densidad ósea o el incremento en la probabilidad de desarrollar ciertos tipos de cáncer (https://let.iiec.unam.mx/node/4282).

      Exploración en Marte: un caso especial

      El planeta Marte tiene un papel preponderante en la investigación espacial. Diversos organismos y empresas plantean la creación de colonias en el planeta rojo, aunque este tipo de proyectos son solo ideas que no tienen ninguna base concreta para llevarse a cabo. El asentamiento de colonias implica enormes retos financieros, sociales y logísticos (https://let.iiec.unam.mx/node/1136).

      La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (nasa por su sigla en inglés) y la Agencia Espacial Europea se plantean explorar Marte a través de operaciones como Mars Sample Return, cuyo objetivo es recolectar muestras y traerlas a la Tierra para resguardarlas en las instalaciones de alta seguridad de los laboratorios de la nasa y estudiarlas (https://let.iiec.unam.mx/node/4412).

      La investigación sobre Marte también se propone encontrar evidencia sobre la existencia de agua. La revista Science publicó un artículo en 2018 en el que informó que el “equipo de investigación encabezado por Roberto Orosei del Instituto Nacional de Astrofísica de Italia confirmó el descubrimiento de un lago de agua líquida” en el Polo Sur de Marte (https://let.iiec.unam.mx/node/1857).

      Estos descubrimientos alimentan los cuestionamientos sobre la existencia de “vida” en el planeta rojo. No obstante, las dudas siguen sin respuesta, debido a que la investigación sobre Marte se enfoca en explorar el suelo, perforar rocas y estudiar la atmósfera; por lo que son más difíciles de profundizar los aspectos biológicos (https://let.iiec.unam.mx/node/2943).

      Los intentos no terminan ahí. El rover llamado Perseverance exploró un cráter marciano, llamado Jezero, de 45 km de ancho que, se especula, fue el hogar de un lago hace 3 500 millones de años. Los trabajos del Perseverance tienen el objetivo de buscar signos de vida antigua o de su posible desarrollo en Marte, de ahí que se contrasten las informaciones con las de la Tierra donde algunas de las pruebas más antiguas de vida se presentan en forma de estromatolitos (estructuras estratificadas que se forman en aguas poco profundas cuando las colonias de microbios crecen capa tras capa atrapando sedimentos). Las investigaciones suponen que, “si hubo tiempo suficiente para que los organismos formadores de estromatolitos evolucionaran en la Tierra”, entonces pudieron haber evolucionado también en Marte (https://let.iiec.unam.mx/node/2948).

      Otros avances en la exploración de Marte sucedieron el 20 de julio de 2020 cuando se inició la primera caravana de naves que planea aprovechar la alineación entre la Tierra y Marte para hacer viajes de menos de 7 meses. Emiratos Árabes Unidos financió la sonda Al Amal (“Esperanza”), un orbitador destinado a estudiar el clima de Marte y a observar cómo la atmósfera marciana se filtra al espacio. Éste fue enviado desde el Centro espacial Tanegashima de Japón. Su despegue agrega a Emiratos Árabes Unidos a la lista de países que han enviado sondas a cuerpos extraterrestres.

      El 23 de julio de 2020 fue lanzado el Tianwen-1 (“Preguntas celestiales”), una misión china que consta de un orbitador, un módulo de aterrizaje y un vehículo explorador que despegó del Centro de lanzamiento espacial Wenchang, en Hainan. El objetivo del módulo de aterrizaje es llegar a Utopia Planitia, una gran cuenca de impacto donde una nave estadounidense Viking 2 aterrizó en 1976. Hasta ahora, los funcionarios chinos se han negado a dar detalles sobre los objetivos científicos de Tianwen-1, pero se sugiere que estudiará la distribución de hielo en Marte y examinará cómo cambia la habitabilidad del planeta con el tiempo (https://let.iiec.unam.mx/node/2948).

      Las instituciones científicas y gubernamentales no son los únicos actores que tienen intereses respecto a Marte, las corporaciones privadas también participan en la exploración del espacio. SpaceX se plantea llegar a Marte, si sus alunizajes son exitosos (https://let.iiec.unam.mx/node/5503).

      Las nuevas estrellas de la exploración espacial

      La creciente participación del sector privado ha transformado el panorama de la exploración espacial. La disponibilidad de recursos financieros por parte de grandes corporaciones tecnológicas permite el desarrollo de proyectos destinados a la creación de vehículos interplanetarios, sistemas de lanzamiento y propuestas de transporte humano hacia la Luna, Marte y otros destinos del Sistema Solar (https://let.iiec.unam.mx/node/2506). Desde 2010, la producción y lanzamiento de satélites crece significativamente. Proyecciones económicas estiman que el valor del sector espacial continuará expandiéndose en las próximas décadas (https://let.iiec.unam.mx/node/5086).

      Dentro de esta actividad, se ha consolidado el denominado sector New Space, integrado por empresas como SpaceX y Blue Origin, fundadas, respectivamente, por Elon Musk y Jeff Bezos. Ambas compañías compiten en el desarrollo de tecnologías espaciales y promueven visiones distintas sobre el futuro de la expansión humana en el espacio (https://let.iiec.unam.mx/node/3236). Mientras que los planteamientos de la empresa de Bezos incluyen la construcción de colonias orbitales y estaciones espaciales comerciales, como Orbital Reef, Musk promueve la idea de convertir a la humanidad en una especie multiplanetaria mediante la colonización de Marte. Para este propósito, SpaceX desarrolla sistemas de lanzamiento reutilizables como Starship (https://let.iiec.unam.mx/node/4284). Respecto a los cohetes, SpaceX creó el “Falcon Heavy”, guardado en una plataforma de lanzamiento en Cabo Cañaveral, Florida. Éste fue lanzado en 2022. Hasta la fecha es el cohete operativo más potente en el mundo (https://let.iiec.unam.mx/node/1613).

      La nasa ha otorgado contratos a ambas empresas para construir naves de aterrizaje para una base lunar (https://let.iiec.unam.mx/node/4829). Este tipo de contratos se han ofrecido no solo a las corporaciones de Musk y Bezos, sino también a Dynetics, Lockheed Martin, Northrop Grumman y Draper (https://let.iiec.unam.mx/node/3475). La nasa y las corporaciones privadas comenzarán a trabajar en conjunto; la organización gubernamental define ciertas especificaciones para el diseño de cohetes o naves espaciales y absorberá parte de los costos de investigación y desarrollo (https://let.iiec.unam.mx/node/2883); (https://let.iiec.unam.mx/node/4585).

      La nasa también solicita el diseño de trajes espaciales lo suficientemente flexibles para adaptarse a las condiciones de la órbita o de la superficie lunar. Ya hay algunas propuestas de las corporaciones Collins Aerospace, ilc Dover y Oceaneering. Estos trajes serían utilizados en el Orbital Reef: la estación comercial que pretende ser construida por Blue Origin y Sierra Space (https://let.iiec.unam.mx/node/4208).

      En 2023, la industria espacial tuvo un valor de 469 mil millones de dólares que, según estimaciones de pwc, superarían el billón de dólares en el año 2030, como resultado del uso creciente de satélites por gobiernos y empresas. El gasto en otros tipos de exploración, como la lunar, generó 20 mil millones de dólares en 2022 en Estados Unidos (https://let.iiec.unam.mx/node/5104).

      Al infinito y más allá: geopolítica en el espacio exterior en el siglo xxi

      Donald Trump creó en 2019 la “fuerza espacial”, una sexta rama de las fuerzas armadas, para asegurar la superioridad estadounidense en el espacio exterior. En 2017 se firmó la “Ley para la libre empresa de comercio espacial” que pretende garantizar que Estados Unidos lidere las actividades espaciales comerciales (https://let.iiec.unam.mx/node/3236). Estas iniciativas también pretenden crear “zonas seguras” para establecer la minería lunar (https://let.iiec.unam.mx/node/4304).

      Durante la administración de Joe Biden, China fue tratada como un país que representaba un gran reto para Estados Unidos. El secretario de defensa, Lloyd J. Austin iii, quería impulsar la “ventaja competitiva” de Estados Unidos frente a la fuerza militar de China.

      El liderazgo chino entendió que uno de los factores de la superioridad militar estadounidense es su domino espacial. Por eso, desde 2006 China empezó a experimentar con misiles antisatélite, al tiempo que iniciaba la producción acelerada de sistemas satelitales. China ha logrado grandes hitos: en 2020 el país desplegó 35 satélites de navegación y concluyó una red de tercera generación para brindar a sus militares una mayor precisión en los ataques terrestres (https://let.iiec.unam.mx/node/3304). En 2021 logró que un explorador espacial aterrizara en Marte; una operación que solo Estados Unidos y Rusia habían logrado.

      En 2020, China también organizó una misión a la Luna, y en 2021, tenía el objetivo de enviar tres astronautas a la órbita de la Tierra. Las ambiciones no terminan en la Luna: en 2020, la nave espacial china Tianwen-1 fue lanzada para aterrizar en Marte y liberar al explorador espacial “Zhurong” con cámaras, detector de campo magnético y una estación meteorológica (https://let.iiec.unam.mx/node/3554); (https://let.iiec.unam.mx/node/4317); (https://let.iiec.unam.mx/node/1809/).

      Además, en China existen 4 plataformas espaciales que son clave para su papel en la carrera espacial. La plataforma localizada en la ciudad de Wenchang fue crucial para el lanzamiento del cohete Long March 5 (https://let.iiec.unam.mx/node/1644). China ya cuenta con una estación espacial llamada Tiangong, lo cual posiciona al país como líder mundial en la exploración espacial (https://let.iiec.unam.mx/node/4499).

      Potencias medias han entrado en la carrera espacial: Rusia, Corea del Sur, Emiratos Árabes Unidos, India, Francia, Pakistán y Arabia Saudita. La competencia no solo gira en torno a la colonización y los viajes espaciales, sino también a los recursos minerales que podrían ser explotados, así como al uso militar del espacio.

      Desde los años sesenta y setenta del siglo xx, se vislumbraron los imaginarios sobre la colonización espacial en el sector académico, gubernamental y militar de las potencias de la época, especialmente Estados Unidos y Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Desde encontrar vida en Marte, hasta crear asentamientos humanos en la Luna, los impulsos por explorar el espacio no se han detenido. En la actualidad, no solo las agencias gubernamentales como la nasa generan sus proyectos de exploración, sino que también aparecen nuevos sujetos del capitalismo como las corporaciones espaciales –con quienes cooperan– y cuyo objetivo es crear una nueva área de valorización del capital: el espacio exterior y la posibilidad de crear “oasis” humanos fuera de la Tierra.

      La lógica capitalista se reproduce también en este ámbito de la producción estratégica, ya que las mismas corporaciones compiten entre ellas y no es de extrañar que los hombres más ricos del mundo sean sus dueños. Al mismo tiempo, la competencia se da entre países. A la cabeza de la exploración espacial actual se encuentran Estados Unidos y China, seguidos por una serie de potencias medias. Aunque las ambiciones y las apuestas son muy altas, los proyectos de colonización espacial, en una escala masiva, parecen estar alejados de la realidad inmediata y la exploración científica-tecnológica altamente sofisticada queda reducida a enviar robots a la Luna y a Marte para obtener evidencia sobre la posible existencia de agua o vida en dichos cuerpos celestes.


      * Maestrante en la Universidad Libre de Berlín e integrante del let.
      1 La L5 Society se creó en agosto de 1975 por Keith y Carolyn Henson, un matrimonio de Tucson, Arizona después de haber leído el primer artículo publicado en 1974 por Gerard K. O’Neill llamado “La colonización del espacio”. O’Neill era un profesor de física de la Universidad Princeton, quien imaginó grandes hábitats espaciales y rotatorios con un entorno interior similar al del planeta Tierra y gravedad artificial. El matrimonio Henson colaboró con O’Neill en una ponencia organizada por él en Princeton sobre instalaciones de fabricación espacial. La L5 Society fue constituida legalmente gracias al congresista de Arizona Morris Udall, quien también llegó a conocer a O’Neill. El primer boletín de la organización, titulado “L5 News”, se publicó en septiembre de 1975. https://nss.org/brief-history-of-the-l5-society/